La Universidad Católica en pugna
A propósito de las posiciones que enfrentan, desde hace algunas semanas, a la Iglesia Católica en el Perú -representada por el cardenal Juan Luis Cipriani- y a la Pontificia Universidad Católica del Perú, reproducimos un artículo de Antonio Zapata publicado el 28 de marzo en el diario La República. Recientemente, los centros federados de las distintas facultades de la PUCP se han manifestado contra lo que consideran una campaña del Opus Dei para “intervenir” en la universidad, llegando incluso a declarar al cardenal Cipriani como persona no grata. Las preguntas sucitadas son varias: ¿cuál es la verdadera motivación de Cipriani?, ¿hay segundas intenciones?, ¿por qué pasar a la “ofensiva” en este momento? El texto reproducido sienta una posición personal pero además da algunas luces al respecto. El debate sigue (y debe seguir) abierto.
La Universidad Católica en pugna
En esta misma página editorial, pocos días atrás, Beto Adrianzén comentaba cómo los liberales peruanos se habían puesto de perfil en el agudo conflicto que opone conservadores contra ‘caviares’ en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Antes que alguien repare que los rojos no hemos hablado, o nos crea extinguidos, quiero opinar desde nuestra tradición, en alguna medida forjada en las aulas de la misma universidad, a la que agradezco por la formación de calidad recibida.
El cardenal ha opinado que su misión incluye la defensa de la economía del arzobispado. Con ello ha revelado que su objetivo es el dinero de la PUCP, antes que una propuesta de enseñanza superior. Este acercamiento ha sido confirmado por el Opus Dei, que en un comunicado señala que no tienen interés en manejar la PUCP, que si lo tuvieran lo explicitarían, como es el caso con la Universidad de Piura. De este modo, al cardenal en primer lugar le interesan los recursos económicos, pero tiene una evidente segunda intención. En efecto, quiere terminar de liquidar a la Teología de la Liberación, que por años ha sido muy influyente en la PUCP. Esta corriente ha sido duramente golpeada en los últimos años tanto a nivel nacional como en escala mundial. Algunos de sus más importantes teólogos han sido silenciados por Roma y prohibidos de enseñar y publicar. En el país han perdido prelaturas, como el Sur Andino por ejemplo, que habían manejado durante décadas. Uno de los últimos bastiones de los cristianos de izquierda es la PUCP. Además, ahí se reproducen porque forman nuevas generaciones. Así, la batalla del cardenal es de largo plazo, tiene mucho techo por delante y su fin último es el puntillazo al cristianismo de izquierda.
El vicerrector académico ha estado impecable en la defensa de los fueros universitarios. Ha probado que la herencia de Riva Agüero está incorporada al patrimonio en forma completa y legal. Pero, preguntado por este mismo diario, por las implicancias de ser una universidad pontificia, contestó que había estado en Roma, con el Prefecto de la Congregación para la Enseñanza y que esta alta autoridad de la Iglesia les había dicho, “con ustedes no hay ningún problema de naturaleza católica”. Aquí se halla el punto crítico, que fundamenta nuestra posición independiente.
En efecto, ¿que hubiera sucedido si la alta autoridad de la Iglesia en Roma les hubiera dicho que sí hay un problema con la enseñanza impartida en la PUCP? Entonces, hubiera tenido que cambiar. Es decir, la autonomía institucional no es perfecta, porque dependen de la posición de Roma sobre el tipo de enseñanza que propone la PUCP. Depender, en este caso, significa que periódicamente las autoridades de la PUCP viajan a Roma a rendir cuentas y que reciben vistos buenos, lo cual aceptan y declaran, no es algo que alguien haya inventado.
Pues bien, desde nuestro punto de vista, la ciencia sólo debe depender de sí misma. La producción de conocimientos es secular y no debe tener límites en una determinada fe. La palabra universidad viene de universal y significa que se acepta todas las versiones e interpretaciones a condición de su racionalidad. Por eso, universidad es un concepto opuesto a pontificia, que expresa la dependencia a la Iglesia en Roma.
Querer conciliar el agua y el aceite es la habitual actitud de los ‘caviares’, amantes de estar bien con dios y con el diablo. Nosotros, en cambio, vamos camino al infierno y tan contentos porque confiamos en la coherencia personal. Con Galileo hasta el fin.
* Para otra reflexión en torno a este asunto ver el blog de Gonzalo Portocarrero
* Comunicado oficial de la PUCP

