Archive for Observatorio Internacional

La razón populista, de Ernesto Laclau, por Jesús Silva-Herzog Márquez

Publicado en Junio, 2006 en Letras Libres

La palabra populismo es una nube de asociaciones detestables. Es demagogia, irresponsabilidad, rechazo a la negociación institucional, desprecio de las sumas y las restas, adoración de un caudillo. No hay ejercicio sobre el contenido de la palabra que no parta de la dificultad de encontrarle un marco. Es un concepto impreciso –si es que llega a ser concepto. Con la palabra se ha designado una vasta variedad de experiencias políticas: un movimiento intelectual de apreciación del campesinado ruso, una organización de granjeros racistas en Estados Unidos, muchos gobiernos latinoamericanos a lo largo del siglo XX y diversos movimientos de la derecha radical en Europa. Populismos de derecha y de izquierda.

Un valioso libro del El Colegio de México ha mostrado los contornos resbaladizos del concepto, sus variedades regionales y sus frecuentes reencarnaciones. Evocando la famosa conferencia de Benjamin Constant, Guy Hermet, Soledad Loaeza y Jean-François Prud’homme hablan del paso del populismo de los antiguos al populismo de los modernos. Hermet describe el populismo clásico con una serie de notas definitorias. En primer lugar, se levanta sobre una densa hostilidad a las elites. Los de arriba controlan el poder y los dispositivos de la representación. Las instituciones son suyas y se emplean para repartirse los privilegios. La segunda nota es una moral dicotómica. Hay un aire religioso en los movimientos populistas que se expresa en esta noción de un universo partido entre el cielo de los buenos y el infierno asegurado a los malos. En la imaginación populista, el pueblo adquiere virtudes infinitas. El trabajador manual, el hombre sencillo y pobre encarna un ideal cívico, mientras que el burócrata y el banquero parásito son los enemigos de la sociedad. La política que alimenta esta fantasía es redentora e intolerante. Instaura, según Hermet, un “apartheid inscrito en los corazones.” Finalmente, el populismo niega dos veces la política. Primero cancela la posibilidad de un gobierno aceptable: los gobernantes son irremediablemente perversos. Sólo el héroe podrá expresar las demandas del pueblo. Después, el populismo niega la capacidad de la política de administrar el tiempo. No hay en su reloj manecilla para el futuro: al poner fin a la conspiración de los poderosos, el futuro llegará automáticamente. El populismo moderno se separa en alguna medida de ese radicalismo. No rompe definitivamente con las instituciones de la democracia representativa, las usa con frecuencia pero mantiene una posición ambigua frente a sus ordenanzas. Se asocia hoy, sobre todo, con una expectativa de certeza y de poder firme. Nostalgia del hombre fuerte. Los populismos contemporáneos pueden ser paraguas multiclasistas, pero coinciden en la búsqueda de firmeza frente a la angustia de la incertidumbre.
Read the rest of this entry »

Comentarios

El discreto terror de Fidel Castro, por VACLAV HAVEL

Tomado de EL PAÍS

Esta primavera se cumple el tercer aniversario de la oleada de represión en la que el régimen de Fidel Castro detuvo y condenó a largas sentencias de cárcel a 75 de los principales disidentes cubanos. Poco después, muchos amigos y yo creamos el Comité Internacional para la Democracia en Cuba.

La valentía de quienes encontraron su conciencia social, superaron el miedo y se alzaron contra la dictadura comunista sigue fresca en mi memoria. Me recuerda el tintineo de las llaves que sonaron en la plaza Wenceslas de Praga -y después en el resto de lo que entonces era Checoslovaquia- en el otoño de 1989. Por eso hice sonar llaves durante la conferencia para solicitar la democracia en Cuba que nuestro comité organizó en Praga hace tres años. Quería llamar la atención de la comunidad internacional sobre la situación de los derechos humanos en Cuba, para apoyar a la oposición de ese país y animar a todas las fuerzas prodemocráticas. La Unión Europea introdujo entonces sanciones diplomáticas, aunque en su mayoría simbólicas, contra el régimen de Castro. Sin embargo, poco después se impuso una postura contraria. La UE inició un diálogo con el régimen cubano, suspendió condicionalmente las sanciones, e incluso varios países democráticos dejaron claro a los disidentes que no eran bien recibidos en sus embajadas. Cobardes acuerdos y coartadas políticas -como tan a menudo ocurre en la historia- derrotaron a una posición de principio. A cambio, el régimen cubano hizo un gesto falso y liberó a un pequeño número de presos de conciencia -la mayoría torturados y gravemente enfermos-, los que el régimen más temía que murieran en sus famosas prisiones.

Quienes vivimos en las nuevas democracias poscomunistas europeas experimentamos acuerdos políticos similares cuando vivíamos tras el antiguo telón de acero. También conocemos de memoria el argumento de que las políticas europeas no han provocado ninguna detención masiva en Cuba. Pero la democracia ha dado signos de debilidad y a su vez el régimen cubano ha adaptado sus tácticas. Organizaciones respetadas como Periodistas sin Fronteras y Amnistía Internacional han recogido amplias pruebas de violencia e intimidación contra los librepensadores cubanos, que pueden esperar un tipo de sonido distinto al del tintineo de llaves. A menudo, su caso no acaba en los juzgados sino en los hospitales. Grupos de “combatientes por la revolución” -en realidad, la policía secreta cubana- atacan brutalmente a sus adversarios políticos y los acusan de delitos absurdos en un esfuerzo por intimidarlos o por obligarlos a emigrar. En la isla, esos acosos planeados se denominan “actos de repudio”.

La violencia política que produce la impresión de mero delito callejero nunca es fácil de probar, al contrario que las sentencias a varios años de cárcel, y por tanto no recibe la debida atención mundial. Sin embargo, miles de ex presos políticos de Europa central y del Este pueden atestiguar que la patada de un policía secreto en la calle duele tanto como la patada de un guardia tras las puertas de una cárcel. La víctima de peleas callejeras y de amenazas contra la familia organizadas por el Estado experimenta la misma impotencia que alguien acosado durante una investigación de la seguridad estatal. En años recientes, a muchos políticos europeos que han intentado observar la situación sobre el terreno se les ha prohibido la entrada.

Aparentemente algunos europeos ven a Cuba como un país lejano por cuyo destino no necesitan interesarse, porque tienen sus propios problemas. Pero lo que los cubanos soportan hoy forma parte de la historia europea. ¿Quién conoce los tormentos infligidos al pueblo cubano mejor que los europeos, que dieron vida al comunismo, lo exportaron al mundo, y después lo pagaron muy caro durante muchas décadas? La humanidad pagará el precio del comunismo hasta que aprenda a hacerle frente con toda la responsabilidad y la decisión políticas. Tenemos muchas oportunidades de hacerlo en Europa y en Cuba. Y no sorprende que los nuevos miembros de la UE hayan aportado a Europa una nueva experiencia histórica, y con ella, mucha menos tolerancia y comprensión por las concesiones y las soluciones intermedias. Representantes de los países miembros de la UE se reunirán en Bruselas a mediados de junio para revisar la política común hacia Cuba. Los diplomáticos europeos deberían sopesar las consecuencias de complacer al régimen de Castro. Deberían dar muestras de que no ignorarán sus prácticas ni pasarán por alto el sufrimiento de los presos de conciencia cubanos. Nunca debemos olvidar a las víctimas aparentemente anónimas de los “actos de repudio” de Castro.

(*) Vaclav Havel, ex presidente de la República Checa, es fundador del Comité Internacional para la democracia en Cuba. Firman asimismo este artículo: Madeleine Albright, ex secretaria de Estado estadounidense; André Glucksmann, filósofo francés; Arpád Góncz, ex presidente de Hungría; Vytautas Landsbergis, ex presidente de Lituania, y Adam Michnik, ex disidente polaco y redactor jefe de Gazeta Wyborcza. Traducción de News Clips. © Project Syndicate, 2006.

Comentarios

De elefantes y camellos, de Sergio Ramírez

Tomado de El País

Sergio Ramírez es escritor y fue vicepresidente de Nicaragua

Una reina de carnaval se despojó sorpresivamente de su abrigo, y se quedó en biquini frente a los ojos, asombrados unos, y codiciosos otros, de los austeros jefes de Estado y de Gobierno que posaban para la foto de familia al final de la cumbre euro-latinoamericana en Viena. La hazaña de Evangelina Cardoso la conocemos todos. Gualeguaychú, la ciudad que ciñó en su cabeza la corona de reina de carnaval, no estaba hasta hace poco en los oídos de nadie, hasta que no empezó la guerra de la celulosa entre Argentina y Uruguay.
La reina de carnaval paseó frente a las miradas de los presidentes y primeros ministros un cartel denunciando la construcción de dos plantas de celulosa en Fray Bentos, en la banda uruguaya del río Uruguay. Gualeguaychú se halla al otro lado, y desde hace tiempo sus habitantes se han manifestado en contra de esas fábricas, bajo el alegato de que los deshechos envenenarán el río. El asunto está ahora en manos de la Corte Internacional de Justicia de la Haya, pero los presidentes de Argentina y Uruguay, Néstor Kirchner y Tabaré Vásquez, no se dieron siquiera la mano durante la cumbre.
No es una disputa fronteriza más, ni simplemente un asunto de ribetes ecológicos, ni sólo un choque de intereses económicos. Las plantas iban a ser instaladas en Argentina, y los inversionistas europeos por fin se decidieron por Uruguay. La novedad está en que se trata de dos países con presidentes que se supone tienen una identidad ideológica, abierta al socialismo.
Pero más allá de cómo piense o sienta cada presidente, pesan, sin embargo, las distancias que la realidad crea entre los grandes y los pequeños. En base a los índices comparados del producto interno bruto, Argentina ocupa el lugar 22 entre las economías del mundo, colocada arriba de Holanda, y Uruguay se halla en el puesto 74, aún debajo de Guatemala y República Dominicana.
Y si vemos hacia el conflicto que enfrenta a Brasil con Bolivia a consecuencia de la nacionalización de los hidrocarburos, que ha afectado en primer lugar a Petrobrás, el gigante transnacional brasileño, hallaremos que tratándose igualmente de gobiernos políticamente afines, también existen las mismas abismales diferencias, en cuanto a tamaño territorial, pero sobre todo en cuanto a poder económico. Brasil es nada menos que la novena economía del mundo, arriba de Canadá, México y España en la lista, y Bolivia ocupa el puesto 105, sentada en la gradería donde se hacinan los pobres del planeta.
El presidente Lula, que conduce un elefante, ha declarado que es necesario no olvidar la pobreza de Bolivia, y que se trata de un asunto de soberanía, ante las voces que dentro del Brasil piden mano dura contra el vecino díscolo. Sabe que el presidente Evo Morales monta una hormiga y gobierna un hormiguero, pero más allá de su buen juicio sabe también que Petrobrás es un gigante de pies pesados como cualquier otro de su especie, no tan fácil de aplacar. Como tampoco será fácil de aplacar a los terratenientes brasileños que tienen propiedades en Bolivia, ahora que se anuncia una reforma agraria.
Pero tal vez otro ejemplo de afinidades, esta vez populistas. El presidente Chávez se pasea por el escenario latinoamericano montado en un camello, con las alforjas de rey mago llenas de petrodólares, y de esta manera trata de ganar terreno en otros países ayudando a establecer gobiernos afines. Venezuela, que ha visto multiplicados sus ingresos a consecuencia de las alzas exorbitantes del precio internacional del petróleo, tiene el puesto 50 entre las economías del planeta, un sitio privilegiado, mientras que Nicaragua, por ejemplo, ni siquiera monta una hormiga, porque anda a pie. Su puesto es el 125, apenas encima de Haití, y muy lejos debajo de Bolivia, ya en las filas últimas de la gradería, donde se sienta entre los paupérrimos países africanos.
El rey mago está dirigiendo los pasos de su camello hacia Nicaragua, no importa que no sea tiempo de Navidad, sino tiempo de elecciones. Cargamentos de urea para que los campesinos tengan fertilizantes a precios tres veces menos que los del mercado; y, sobre todo, un contrato para abastecer petróleo en condiciones muy concesionales, el 40% del precio por barril a pagarse en 25 años de plazo, con cero intereses. El presidente Chávez, montado en su camello, ofrece a Nicaragua 10 millones de barriles, que es el consumo nacional, con lo que se supone que la patria entera debería estarle agradecida.
Sin embargo, sus regalos no son para Nicaragua, sino para el candidato que ha escogido como suyo en las próximas elecciones, el comandante Daniel Ortega, que va a competir por quinta vez para presidente. La urea llega a puerto consignada al partido de su candidato, y el contrato de suministro petrolero lo firmó el presidente Chávez en Caracas no con el Gobierno de Nicaragua, sino con alcaldes del partido de su candidato, teniendo a su lado en la ceremonia al propio candidato.
A la cabeza de un país muy rico, aunque la riqueza cada vez está peor distribuida entre sus propios habitantes, el presidente Chávez cree saber lo que conviene a un país tan pobre como Nicaragua. Pero son los nicaragüenses quienes van a pagar el precio de su equivocación, si es que los petrodólares venezolanos logran alterar la balanza electoral. Es decir, si logran comprar los votos suficientes para que gane el candidato del presidente Chávez.

Comentarios

Pages (5): « First ... « 3 4 [5]