Archive for Observatorio Internacional

Observadores europeos ponen nervioso a Chávez por Joaquim Ibarz

Fuente: La Vanguardia

El presidente Hugo Chávez reaccionó con furia contra los observadores de la Organización de Estados Americanos (OEA), de la Unión Europea (UE) y del Parlamento español por cuestionar la pulcritud de las elecciones legislativas del 4 de diciembre.

Por primera vez, diputados y senadores españoles de los grupos parlamentarios Socialista, Popular, Convergència i Uniò, Entesa Catalana de Progrès, PNV y Mixto (Eusko Alkartasuna), suscribieron una declaración que ha irritado al líder revolucionario venezolano.

Los congresistas españoles ven con gran preocupación la “polarización indiscutible” que han observado tanto entre las distintas fuerzas políticas como entre la ciudadanía. “Es evidente que Venezuela vive momentos de profunda fractura política y social en donde parecen quedar pocos espacios para el entendimiento y el diálogo entre el Gobierno y las principales fuerzas de oposición”, se señala en el informe. Asimismo, los congresistas expresan su inquietud por el resultado de un proceso en el que tan solo la coalición oficialista tiene representación parlamentaria. “Un Parlamento sin representación de la oposición plantea grandes incertidumbres en cuanto al funcionamiento normal y democrático de las instituciones”, se subraya.

Lo que más enoja al presidente Chávez es que los parlamentarios de España, un país que consideraba aliado para su pretendida causa revolucionaria, afirmen en su informe que el proceso electoral “refleja la desconfianza de un sector de la clase política y de la ciudadanía en el sistema automatizado de voto y en el poder electoral nacional”. Según los congresistas españoles, la alta abstención parece ser reflejo, entre otros factores, de esa desconfianza. “Nos preocupa que esta desconfianza genere mayor abstención e inhibición de la ciudadanía”, señalan en el comunicado suscrito por todos los partidos, a excepción de Izquierda Unida, partido que mantiene estrechos lazos con el régimen chavista.

Los observadores caen en una contradicción al afirmar que los comicios fueron justos y transparentes y, al mismo tiempo, hacen hincapié en que percibieron una “participación proselitista de funcionarios públicos de alto nivel, tanto nacionales como estatales y municipales, y una ausencia de mecanismos de control estrictos sobre el uso de recursos públicos y privados con fines políticos y electorales”. En su informe, la misión de la UE indicó que “amplios sectores de la sociedad venezolana no tienen confianza en el proceso electoral ni en la independencia de la autoridad electoral”. Los informes de la UE y del Congreso español sorprendieron al incluir expresiones que nunca habían reflejado con tanta claridad otras misiones de observación.

La oposición venezolana concede gran importancia que la UE destaque las “reiteradas violaciones” del presidente Chávez y de los ministros al inmiscuirse directamente en el proceso comicial.

Los observadores de la UE y del Parlamento español no supervisaron el referéndum revocatorio del mandato de Chávez, del 15 de agosto de 2004, porque el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Venezuela rechazó sus demandas para poder realizar a cabalidad su labor. Su presencia en estos comicios legislativos ha podido ser determinante para que la votación no haya tenido un aval incondicional.

El año pasado, la OEA y el Centro Carter quedaron muy desprestigiados por refrendar sin ningún cuestionamiento los resultados del referéndum revocatorio. Días antes de estas legislativas, el jefe de la misión de la OEA fue criticado por formular un llamamiento a favor del voto tras la retirada de la mayoría de los partidos. Dirigentes de oposición recordaron a la OEA que la misión de los observadores no es fomentar la participación electoral, y menos en unos comicios en los que la abstención tenía un significado político tan señalado.

Días antes de la votación, el CNE permitió por primera vez que técnicos en sistemas de la oposición revisaran –en presencia de observadores de la UE y de la OEA- las llamadas “máquinas cazahuellas”; en cuestión de pocos minutos, los técnicos demostraron que era posible identifican lo que votaba cada elector. En forma taxativa evidenciaron que el voto no fue secreto en el referéndum del 2004 y tampoco lo iba a ser en las legislativas. Tras ese descubrimiento, el CNE ya no les permitió revisar ningún programa más. También se negó a permitir que hubiera un recuento manual de los votos. Todo se dejó en manos de un sistema plenamente automatizado que, según un estudio de 30 catedráticos y profesores de universidades públicas, se habría manipulado para cambiar el sentido del voto de millones de personas en el referéndum revocatorio del 2004.

Si en todos los países el secreto del sufragio es un requisito indispensable para que una votación sea limpia, en Venezuela lo es mucho más porque el Gobierno amenazó, chantajeó, sobornó y quiso obligar a votar, so pena de perder el trabajo o beneficios sociales.

Chávez tachó de “mentiras” los informes de los observadores. Dijo que tras investigar a las personas que integraron las misiones se percató que “casi todos son de la derecha mundial, de la extrema derecha diría”. “Estoy seguro que (con los informes) se nos ha sembrado una mina, se ha dejado un campo minado buscando la desestabilización en Venezuela, así lo denuncio, y estoy seguro de donde viene esa conspiración, una vez más, y estoy seguro que buena parte de ellos se prestaron para esa jugada, lamentablemente”, agregó.

Chávez, que tantas lisonjas prodigó en agosto del 2004 a los observadores de la OEA y del Centro Carter que dieron validez a un referéndum muy cuestionado, ahora los descalifica porque critican los aspectos más turbios de la votación (el centro Carter no participó en la observación de estas elecciones porque un buen número de venezolanos considera que en el revocatorio del 2004 favoreció al presidente Chávez).

Para contrarrestar los cuestionamientos críticos de los observadores de la UE y del Congreso español, Chávez pretendió utilizar una carta de los asalariados internacionales de izquierda para avalar al CNE. Pero las lisonjas de estos corifeos cayeron en saco roto.

Para la asociación civil Súmate, el informe de la UE contempla puntos importantes como “el efecto del miedo en la participación y la necesidad de nombrar un nuevo CNE”. Súmate consideró fundamental el tratamiento que dieron las misiones de la OEA, parlamento español y la UE a la “poca credibilidad” del CNE. María Corina Machado, directiva de Súmate, resaltó que los observadores internacionales pidieron cambiar al CNE, “porque existe una profunda desconfianza de la población en los rectores del Consejo”. Machado destaca que en ambos informes se reflejan como causas que podrían “poner en duda la legitimidad del nuevo Parlamento” el uso de fondos públicos para propaganda política, intimidación a los funcionarios para que acudan a sufragar, violación del principio de representación proporcional, sistema nacional de identificación sin control (Chávez ha nacionalizado a cientos de miles de colombianos), crecimiento exagerado del Registro Electoral (RE) y negativa a entregar el censo a los partidos políticos.

Cuatro de los cinco directores del CNE son señalados por la oposición de estar al servicio de Chávez. Para combatir la desconfianza, la misión europea recomendó a la electa Asamblea Nacional “designar lo antes posible una directiva del CNE compuesta por profesionales de prestigio e independientes de diversa procedencia y que disfruten de la confianza de todos los sectores de la sociedad”.

Aumenta la desconfianza en el sistema electoral venezolano por un sistema electrónico de votación totalmente automatizado, que no existe en ningún otro país del mundo y que ha sido desarrollado por una empresa que no ofrece mayores garantías. Eso siembra muchas sospechas, sobre todo porque el elector no tiene capacidad para comprobar lo que ha votado, mientras que el Gobierno sí que lo sabe. Además, no se ha dejado auditar este sistema por ninguna instancia independiente del Gobierno. Chávez se negó a oír al clamor popular que rechazaba elecciones sin credibilidad, creyendo, una vez más, que eran maniobras de una minoría que considera desacreditada, sin darse cuenta que los partidos, algunos a regañadientes, no hicieron otra cosa que responder a ese clamor que pedía la retirada de la contienda electoral.

“Ante este cúmulo de irregularidades y sospechas, en un momento muy polarizado de la situación política venezolana, los partidos democráticos decidieron no presentarse a los comicios porque no habían garantías”, señala Iñaki Anasagasti. El senador del PNV pudo comprobar personalmente que el voto no es secreto; al ser venezolano de nacimiento, su nombre, con todo su historial electoral, aparecía en un CD pirata que los buhoneros vendían en el paseo Sabana Grande. El CD contiene el registro del CNE, con la participación electoral de los doce millones de venezolanos, los que firmaron y los que no firmaron la solicitud de referéndum revocatorio, los que votaron y qué votaron en tal consulta, los que se abstuvieron, etc. Las versiones más modernas incluyen los datos de las elecciones municipales y de los comicios para gobernaciones de los estados.

La diputada chavista Iris Varela dijo el mismo día de las elecciones legislativas “al que no vote, lo botamos”. O sea, lo expulsamos, y lo dijo públicamente. También afirmó que los funcionarios que no son adictos al chavismo no merecen recibir un sueldo del Estado. Cuando un venezolano va a sacar un pasaporte, a pedir un crédito, a trabajar como funcionario o tiene que hacer un contrato con la administración, le sacan una lista diciendo “usted votó contra el chavismo, por tanto no puede hacer nada”. “Eso no es una democracia, es un régimen policial; entiendo que la gente tenga desconfianza en el sistema, ya que el voto no es secreto, lo que en una democracia es fundamenta. Hoy día en Venezuela se está viviendo un sistema policial”, ha declarado Anasagasti al diario “Deia”.

Una Asamblea Nacional elegida de espaldas a la voluntad de la mayoría de los ciudadanos en apariencia podría verse como una victoria del oficialismo. Pero sería un triunfo pírrico, logrado a costa de perder de hecho buena parte de la legitimidad. Los diputados chavistas podrán cambiar la Constitución para que el caudillo se pueda reelegir hasta el 2030, podrán aprobar todas las leyes que se les ocurra, pero todo lo que hagan, tendrá escasa legitimidad y cierto carácter provisional. Algo muy similar a lo que le ocurrió a Alberto Fujimori en Perú, después que Alejandro Toledo retirara su candidatura. Fujimori ganó las elecciones a cambio de perder la legitimidad. Por cierto, el 28 de julio del 2000, Mariano Rajoy fue a la toma de posesión espuria de Fujimori en representación del gobierno de Aznar –bien asesorado, el príncipe Felipe no se prestó a dar brillo a la mascarada. El ahora líder del PP no escatimaba los ditirambos a Fujimori y los cuestionamientos a Toledo.

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Estoy mejor calladito por Umberto Eco, filósofo

Fuente: El Comercio
Creo que han pasado ya quince años desde que escribía que Europa, al cabo de algunas décadas, se convertiría en un continente multicolor, pero que el proceso costaría lágrimas y sangre. No era un profeta, sencillamente una persona con sentido común. Sin pensar en los atentados terroristas, me basta con ver lo que agita los ánimos estos días.

En Francia, un profesor de bachillerato escribe cosas muy críticas hacia la religión musulmana y corre peligro de muerte. En Berlín se quita de la programación un Idomeneo de Mozart donde aparecen cortadas las cabezas no solo de Jesús y Buda, sino también de Mahoma. No hablo del Papa, que en el fondo, a su edad, debía entender que hay una cierta diferencia entre la lección universitaria de un profesor cualquiera y el discurso de un Pontífice transmitido por todas las televisiones y que, por lo tanto, quizá debía haber sido más cauto (claro que los que han tomado como pretexto una cita histórica para intentar desencadenar una nueva guerra de religión no están entre aquellos con los que querría salir a cenar).

Sobre el caso del profesor Redeker ha escrito un buen artículo Bernard-Henri Lévy: podemos no estar de acuerdo con lo que piensa, pero debemos defender su derecho a expresar una opinión libre en materia religiosa. Sobre el caso del Idomeneo, el ex embajador Sergio Romano escribe en “Corriere della Sera” lo que intento retomar con términos míos, de los cuales no es responsable él: si un director loco por estar a la última pone en escena una ópera de Mozart introduciendo en ella las cabezas cortadas de algunos fundadores de religiones, mientras a Mozart ni se le habría ocurrido, lo menos que se puede hacer es correrlo a patadas, pero por razones estéticas y filológicas, como a patadas habría que tratar a esos directores que representan el Edipo Rey con los personajes en traje de chaqueta. El mismo día en que todos esos artículos aparecían en el “Corriere”, en otro diario italiano, “La Repubblica”, un músico insigne como Daniel Barenboim, aun preguntándose con sensatez si de verdad estaba en el espíritu mozartiano aventurarse en esa puesta en escena, apelaba a la libertad del arte. Creo que mi amigo Daniel estaría de acuerdo en deplorar que hace años se criticara (o prohibiera) la puesta en escena del “Mercader de Venecia” de Shakespeare porque se inspiraba ciertamente en un antisemitismo común a su época (y antes aún, de Chaucer en adelante), pero que nos muestra en Shylock a un caso humano y patético. Pero he aquí ante qué nos encontramos: ante el miedo de hablar. Y recordando que estos tabúes no se les pueden imputar exclusivamente a los fundamentalistas musulmanes (que en cuanto a susceptibilidad no bromean), sino que empezaron con la ideología de lo políticamente correcto, inspirada de por sí en el sentido del respeto hacia todos, pero que a estas alturas impide contar, por lo menos en Estados Unidos, chistes no digo sobre los hebreos, musulmanes o minusválidos, sino sobre escoceses, genoveses, belgas, policías, bomberos, basureros y esquimales (que no debería llamarlos así, pero si los llamo como ellos quisieran, nadie entendería de quién hablo).

Hace unos veinte años, enseñaba en Nueva York y, para mostrar cómo se analiza un texto, elegí, casi por casualidad, un relato en donde (en una sola línea) un marinero con un lenguaje deslenguado definía la vulva de una prostituta “ancha como la misericordia de…” y pongo los puntos suspensivos en lugar del nombre de una divinidad. Al final, se me acercó un estudiante evidentemente musulmán que respetuosamente me regañó por haberle faltado el respeto a su religión. Le respondí, obviamente, que yo solo estaba citando una vulgaridad ajena, pero que en cualquier caso le pedía disculpas. Al día siguiente, introduje en mi discurso una alusión poco respetuosa a un personaje insigne del Panteón cristiano. Todos se echaron a reír, y él se unió a la hilaridad general. Entonces, al final, le tomé del brazo y le pregunté por qué le había faltado el respeto a ‘mi’ religión. Y luego intenté explicarle la diferencia entre hacer una alusión de broma, tomar el nombre de Dios en vano y proferir blasfemias, invitándolo a una mayor tolerancia. Las disculpas las pidió él; yo confío en que entendiera. Lo que quizá no entendiera es la extremada tolerancia del mundo católico: en una ‘cultura’ de la blasfemia, donde un creyente timorato de Dios puede definir al ente supremo con adjetivos que no se pueden repetir.

Claro que no todas las relaciones educativas pueden ser pacíficas y cívicas como las que tuve con mi estudiante. Para lo demás, mejor callar. ¿Pero qué sucederá en una cultura en la que, por temor a meter la pata, ni siquiera los estudiosos osarán ya referirse (lo digo por decir) a un filósofo árabe? Derivaría una damnatio memoriae, se borraría una respetable cultura distinta a través del silencio. Y no resultaría útil al conocimiento y a la comprensión recíprocas.

UMBERTO ECO ES AUTOR DE “EL NOMBRE DE LA ROSA” Y DE “EL PÉNDULO DE FOUCAULT”.
TRADUCCIÓN DE HELENA LOZANO MIRALLES
© 2006 UMBERTO ECO/L’ESPRESSO. DISTRIBUIDO POR THE NEW YORK TIMES SYNDICATE EXCLUSIVO PARA EL DIARIO EL COMERCIO EN EL PERÚ.

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Chomsky en San Marcos

Como calentando para la conferencia 514 años después: La conquista tambalea de Noam Chomsky (que será transimitida en vivo y vía internet: http://www.unmsm.edu.pe/conferencia/), publicamos el siguiente artículo de Mirko Lauer

Chomsky, profesor nada distraído por Mirko Lauer.
La República/22/10/06
Aunque el clima político aquí no está muy radical, la llegada del profesor estadounidense Noam Chomsky a Lima esta noche es un acontecimiento. Hay dos conferencias masivas programadas (PUCP y UNMSM), y con todas las entradas agotadas, que se retransmitirán a grandes pantallas en otros espacios. Chomsky viene de Chile, donde ya ha estado una vez antes, y de Lima pasará a Quito y Caracas.

En una encuesta conjunta a los lectores de las revistas Prospect (Londres) y Foreign Policy (Washington) Chomsky fue considerado el intelectual público más importante hoy (Hernando de Soto N°13, Mario Vargas Llosa N°56). En efecto por momentos este lingüista octogenario da la impresión de estar sosteniendo él solo la bandera del radicalismo político occidental.

Chomsky revolucionó la lingüística y se estableció como intelectual de primer orden con su libro Sintactic Structures, de mediados de los años 50, con el cual se inicia la gramática transformacional. Quizás su idea más conocida de aquella etapa es el planteamiento de que la estructura del lenguaje equivale a la estructura del pensamiento.

Una vez consolidado su prestigio como lingüista, Chomsky empezó a dedicar cada vez más tiempo a la crítica política. Más de un par de docenas de libros lo ha establecido como el principal cuestionador del orden establecido en su país, y ahora último como uno de los demoledores de la argumentación en que se basa la política exterior de George Bush.

Manufacturing Consent, un texto sobre la manipulación del ciudadano desde los medios, escrito a medias con Edward S. Herman, sigue siendo el libro de referencia para el pensamiento de Chomsky.

Pero el libro que ha deslumbrado a Hugo Chávez (a quien verá al final de esta gira por la zona andina, a pesar de que en su entusiasmo el presidente venezolano Chávez lo declaró muerto) es, comprensiblemente, Hegemonía o supervivencia. Estados Unidos en pos del dominio mundial (el proyecto de un imperio estadounidense).

Contra lo que podría parecerle a un intelecto no entrenado en esos asuntos, Chomsky no es propiamente hablando un izquierdista, sino una suerte de cartesiano radical, convencido de que los discursos políticos actuales no resisten un examen realmente científico. Que es el tipo de análisis que realiza en sus exitosos libros.

Chomsky sigue dedicado a su cátedra en MIT, Boston, pero su prominencia mundial lo lleva cada vez más a recorrer el mundo. Sus muy tempranas críticas a la guerra de Vietnam lo instalaron como un analista político eficaz, y el desarrollo de la carnicería en Irak está confirmando las denuncias que hizo Chomsky desde el primer momento.

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¿Quién manda en las megametrópolis? Por Paul Constance

Fuente: BIDAmérica

Un nuevo estudio explora la difícil tarea de gobernar las multitudinarias urbes latinoamericanas

Para gobernar las grandes metrópolis, definidas como ciudades que abarcan múltiples gobiernos municipales, es necesario conciliar intereses y dirimir conflictos mucho más complicados de lo que suele haber en centros urbanos de menor escala. En América Latina abundan estas “áreas metropolitanas”, y sus problemas de gestión, política y desarrollo interesan a urbanistas en todo el mundo. Eduardo Rojas, especialista en desarrollo urbano y vivienda del BID, lideró un equipo que editó Gobernar las metrópolis, un compendio que combina las últimas tendencias teóricas con experiencias concretas sobre el buen y mal gobierno de las megaciudades. Rojas dialogó con BIDAmérica sobre algunos de los temas del estudio.

BIDAmérica: Desde una perspectiva demográfica y económica —o desde un satélite— América Latina parecería ser un grupo de grandes ciudades, más que un grupo de países. ¿Podrían las metrópolis llegar a ser más importantes que los gobiernos nacionales?

Rojas: Es cierto que América Latina se está convirtiendo en un grupo de grandes metrópolis. Sólo en Brasil hay más de 30 áreas metropolitanas, es decir, economías urbanas que superan la jurisdicción de un municipio. En Chile y Argentina más de la mitad de la población vive en regiones metropolitanas. También es notable el surgimiento de metrópolis-regiones, ejes metropolitanos como La Plata-Buenos Aires-Rosario en Argentina, donde incluso las áreas rurales intermedias están altamente intervenidas y ocupadas por las actividades económicas urbanas. Algunos de estos ejes atraviesan fronteras, como es el caso de Santiago-Mendoza-Córdoba [entre Chile y Argentina] o Tijuana-San Diego [entre México y Estados Unidos].

Estas metrópolis son cada vez más importantes económicamente. São Paulo, por ejemplo, produce el 60 por ciento del PBN (Producto Nacional Bruto) industrial de Brasil. Y las economías metropolitanas interactúan directamente con economías urbanas en otras partes del mundo. Aunque dudo que lleguen a ser más importantes que las economías nacionales, a los gobiernos cada día les conviene más que esas aglomeraciones urbanas estén compitiendo bien y estén comerciando con sus pares en otros países, por el peso económico que tienen. Pero para competir bien, las metrópolis tienen que estar bien gobernadas, bien administradas, tienen que ofrecer una plataforma sólida y eficiente para la actividad económica. Cómo lograr esa buena gobernabilidad metropolitana en América Latina es el tema de este libro, porque hasta ahora muy pocos estudios se han enfocado en eso.

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“América Latina todavía no acepta el Estado de derecho”. Entrevista a Fernando Henrique Cardoso

Fuente: El País

El diagnóstico de Fernando Henrique Cardoso (Río de Janeiro, 1931) sobre Brasil, y sobre América Latina en su conjunto, es solvente porque lo emite un sociólogo y un político que ha sido gobernante y ha dedicado toda su vida intelectual a procurar la convivencia de desarrollo y democracia. Los golpes militares y las crisis financieras ocurridos en una zona del mundo carente de sólida vertebración institucional lo impidieron durante decenios. Invitado por el Banco Privado Portugués, Cardoso imparte mañana una conferencia en el auditorio IESE Business School de Madrid. El socialdemócrata brasileño, que siempre prescindió del radicalismo en sus análisis, fundó el Partido de la Socialdemocracia Brasileño (PSDB), cuyo candidato, Geraldo Alckmin, disputará la presidencia de la república al presidente Inácio Lula Da Silva en la segunda vuelta electoral, fijada para el próximo día 29.
Pregunta. ¿Puede haber sorpresas en esa segunda vuelta?

Respuesta. Todavía es muy incierta. Pero yo diría que, hoy, Lula perdería.

P. El presidente tiene muy buena imagen entre los sectores progresistas de la sociedad española.

R. Porque saben menos que nosotros.

P. Usted lo elogió mucho. Ahora lo ataca. ¿Es electoralismo o Lula cambió mucho?

R. Sí. La verdad es que lo que pasó en estos últimos dos años ha sido una sucesión de escándalos y una confusión muy grande entre la esfera pública y la privada, y se entiende como privada el partido (Partido de los Trabajadores, izquierda, en el Gobierno). No veo que Lula haya tomado el liderazgo del asunto para poner un punto final a todo esto y abrir caminos nuevos, ni un diálogo nuevo. Nada. Se acomodó a la situación. Una elección que podía haber ganado con relativa facilidad, porque la situación económica es favorable, ahora la afronta con apuros.

P. ¿Lula era consciente de la corrupción?

R. No deseo hacer una afirmación categórica porque no lo sé, pero también sería escandaloso que no se hubiera dado cuenta después, y que no actuara en función de lo que pasó.

P. No parece que los escándalos hayan castigado a la economía brasileña.

R. No, no. La economía brasileña está fuerte y la economía internacional, también. A Lula le tocó una coyuntura muy favorable durante su mandato. Él siguió el mismo rumbo que nosotros habíamos empezado. No hubo ningún cambio significativo en esta materia. Quizá hubiera debido cambiar algo, pero no lo hizo. Sin embargo, el viento sopla a favor. El problema no viene por ahí. Lo más grave es la utilización del aparato público para fines partidistas. Eso es lo grave.

P. ¿Está muy generalizada esa práctica?

R. Tengo la impresión de que sí porque implica a mucha gente en diferentes sectores. Todo eso va encadenado, porque se ha descubierto también que en los municipios controlados por el PT ya había comenzado ese mismo deterioro.

P. Lula dice que Brasil está mucho mejor que cuando se lo entregó usted.

R. Ojalá fuera verdad, aunque en ciertos puntos quizá sí porque el tiempo pasa; pero la reforma del Estado, por ejemplo, está paralizada. Y tomemos el asunto donde el Gobierno hace más hincapié para defender su gestión: las becas para la distribución de renta. Empezaron en mi mandato. Aprobé tipos distintos de becas, pero él juntó todas en una sola y redujo el control de lo que se hace con esa plata (dinero). Por ejemplo, cuando yo era presidente teníamos la beca para la escuela. La madre recibía una plata a condición de que el hijo asistiera al 85% de las clases. Había otras becas para sacar del trabajo a los niños; otra para las mujeres embarazadas…, pero siempre con una contrapartida de promoción social. No se daba solamente plata. Ahora se ha convertido en un mecanismo de distribución de dinero sin un control más efectivo, una evaluación. Y además se ha hecho una politización del proceso. Pero no hay duda de que con eso ha mejorado la condición de vida de mucha gente. Yo lo empecé, pero avanzaron. Es verdad.

P. Gane quien gane, Brasil queda políticamente dividido. ¿Hasta qué punto se verá afectada la gobernabilidad del país?

R. Habrá dificultades, pero la división política no deriva de esta crisis, sino del sistema de votos proporcional para la Cámara de Diputados: la norma electoral de Brasil fragmenta mucho el sistea de partidos. Los partidos tienen poca capacidad de cohesionarse y el presidente tiene que negociar al por menor con los grupos políticos. Es un problema estructural. Yo lo tenía, pero no lo solucioné como Lula: comprando votos. Traté de hacer algunos acuerdos con los partidos grandes. Él lo hizo con los pequeños en un intercambio de apoyo por recursos políticos y financieros. Eso está mal.

P. ¿Es posible el entendimiento entre su partido y la izquierda?

R. En Chile hubo la concertación, que definió una pauta, y ellos siguen esa pauta hace mucho tiempo; acá no hubo concertación. Hay una pelea básicamente entre dos polos: el Partido de los Trabajadores (PT) y el Partido Socialdemócrata, pero cuando se miden las políticas no son distintas. Hay una cierta continuidad, aunque cada uno defienda que hizo más que el otro. Desde el punto de vista nacional, eso no tiene sentido. Bien o mal, hay una cierta capacidad de avanzar en Brasil. Yo no soy pesimista en ese aspecto. No habrá una crisis institucional.

P. ¿Y América Latina? ¿Brasil ha perdido capacidad de liderazgo regional?

R. Sí. Creo que Brasil perdió la capacidad de liderazgo. América Latina tiene hoy un eje en el Pacífico y otro en el Atlántico. Mercosur (Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay) más Venezuela y Bolivia, por un lado, y Chile, que se ha asomado al mercado andino y a México. Es la primera vez que ocurre una división de esta naturaleza, que tiene un alcance casi ideológico en conjunto. Brasil, que nunca fue un país arrogante, no pretendía el liderazgo, pero por su peso y por su sentido común era capaz, de alguna manera, de equilibrar el continente. Y yo creo que eso lo hemos perdido. El liderazgo de Hugo Chávez es ahora visible.

P. ¿Qué opinión le merece el presidente venezolano?

R. Es un tipo con una formación militar y un interés popular. La suma de las dos características es Chávez. Tiene además una visión estratégica y militar. Ya tiene los enemigos: Estados Unidos y la globalización. Y como militar es audaz: va a Corea del Norte, va a Libia, va a Irán; pero simultáneamente cuenta con esa visión popular. Y ejecuta una fuerte distribución de renta con el petróleo, que paga todo eso.

P. Aunque elegido democráticamente, muchos no le reconocen como demócrata.

R. Es militar. Tiene una vocación más autoritaria, pero la verdad es que no ha sobrepasado el límite. Todavía busca el voto para la legitimación. Hay que incidir en ello. Pero aparte de la retórica sobre Bush u otros asuntos, la historia va a juzgar si fue o no capaz de utilizar los réditos del petróleo para cambiar la economía y la sociedad venezolana.

P. Un cuarto de siglo después de las dictaduras militares, las sociedades latinoamericanas presentan vicios muy antiguos: la corrupción, la fragilidad institucional, las carencias en educación, en vivienda o en sanidad, el clientelismo, la incompetencia política…

R. Así es, con la excepción quizá de Chile, Uruguay o incluso Colombia. No hemos dado el gran salto adelante para dejar atrás esos problemas.

P. ¿A qué atribuye el enquistamiento de tales lacras?

R. Hay un peso importante del patrimonialismo, que es ibérico también: portugués y español. Pero otro factor es que en América Latina nunca hemos aceptado realmente las economías de mercado. España sí tomo la decisión de hacerlo realmente, Chile también; pero en América Latina hay cierta ambigüedad en la materia y eso abre un espacio al patrimonialismo, al clientelismo. Las reglas son rígidas, no se acepta el Estado de derecho, ni siquiera la ley. Creo que es la pelea que tenemos que seguir dando. Yo por lo menos la doy todo el tiempo en Brasil.

P. Pero los partidos, que debieran liderar esas transformaciones, no tienen credibilidad social, ni, en muchos casos, voluntad.

R. No cabe duda. Nos falta una organización política más clara, envasada en valores, en principios, con una visión del mundo.

P. Algunas encuestas alertan sobre el debilitamiento de la democracia en América Latina, hasta el punto de que un porcentaje de sus habitantes aceptaría sacrificarla a cambio de prosperidad económica.

R. No. No lo creo. Son encuestas que deben ser analizadas en un contexto determinado. La realidad es que tan pronto empieza a disminuir la libertad, la gente reclama la libertad. Dos puntos han quedado solucionados en nuestro continente: la democracia, la libertad de prensa, sindical, de partidos, de religión. Y el otro es que hemos logrado, bien o mal, organizar nuestras economías para la globalización. No todos los países, pero Brasil, Chile, sí; México, sí… Hubo avances. No hay tanto retroceso como la gente piensa.

P. La integración latinoamericana apenas avanza, pero ¿qué futuro tiene el ALCA? (Área de Libre Comercio de las Américas, promovido por EE UU).

R. Estados Unidos y Brasil tomaron ya la decisión de no marchar más con el ALCA. Cada cual hace los acuerdos que quiera. ¿Qué hacen los Estados Unidos? Pues acuerdos bilaterales con México, Chile, Perú y Centroamérica, y aíslan el Mercosur. Perdimos las preferencias que teníamos. Las gana Estados Unidos.

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La (i)racionalidad de Sadam Hussein por Martín Tanaka

Fuente: Blog de Martín Tanaka

Como algunos saben, uno de los temas que me interesan es el estudio de las formas de racionalidad. Sobre el punto, escribí hace ya algunos años un texto, en el que me identifico con un modelo de racionalidad “complejo” y no con un modelo de racionalidad “ingenuo”. Ver “Individualismo metodológico, elección racional, movilización de recursos y movimientos sociales: elementos para el análisis” (en Debates en Sociología, nº 19, Revista de la Facultad de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 1994).

Un tema muy interesante para analizar estos asuntos el de la invasión de Irak, y en particular, la racionalidad de Sadam Hussein. Sobre el tema en general me pronuncié en su momento, y mi posición puede verse en el artículo “”>El pensamiento de los ‘halcones’ de la Casa Blanca ” (en: Que Hacer, nº 141, marzo-abril 2003. Lima, DESCO (p. 7-13). Recientemente, se publicó en la revista Foreign Affairs en español un fascinante artículo que da luces sobre la racionalidad de Sadam Hussein:

“El engaño de Hussein visto desde dentro”, de Kevin Woods, James Lacey y Williamson Murray (Foreign Affairs en español, julio-septiembre 2006).

Ver aquí

A primera vista, Hussein aparece como un actor totalmente irracional: no tenía armas de destrucción masiva (ADM), pero no permitió una amplia inspección internacional que despejara las legítimas dudas al respecto; esto hizo posible que la suposición de su existencia justificara la invasión, lo que hizo que al final terminara derrocado y encarcelado. Si no tenía ADM, ¿por qué no colaborar entonces con los inspectores y evitar la invasión?

El artículo de Woods, Lacey y Murray da muchos elementos que ilustran la irracionalidad de Hussein, que en ciertos aspectos aparece como un dictadorzuelo de republiqueta bananera. Asesinar a quienes le dan malas noticias, o planear maniobras bélicas con ejércitos inexistentes, recuerdan al delirio de Hitler en el bunker del final de sus días. Si Hussein era un actor irracional, entonces no podía responder a incentivos, y por lo tanto, era muy poco lo que las potencias occidentales o la ONU podrían haber hecho para que cumpliera con los mandatos internacionales.

Sin embargo, el artículo señala también algunos supuestos de política internacional que manejaba Hussein, y que permiten darle inteligibilidad y razonabilidad a algunas de sus decisiones. Hussein pensó que E.U. nunca “se atrevería” a invadir, considerando la oposición interna que enfrentaría, así como la condena internacional, donde la conducta de Rusia y Francia aparece como fundamental. Bajo el supuesto de que E.U. no invadiría, Hussein jugó a ser ambiguo respecto a la existencia de ADM. La posibilidad de su existencia le permitía consolidar su frente interno, su imagen como potencia regional, y disuadir a potenciales agresores. La amenaza de E.U. no resultó creíble para Hussein, básicamente por la acción de otras potencias occidentales, que optaron por desempeñar un papel de “contrapoder” respecto a los E.U. Esto hizo que Hussein llegara a pensar, incluso cuando las tropas norteamericanas cercaban Bagdad, que no llegarían a derrocarlo.

Según estos cálculos, la conducta de Hussein muestra cierta racionalidad, y nos permite entender las decisiones que tomó antes de caída. Si este modelo de racionalidad es correcto, encuentro entonces evidencia que fortalece una de las tesis que sostuve en mi artículo de 2003: que si alguna opción existió de evitar la guerra y lograr el desarme de Irak, esto implicaba que para Hussein la amenaza de invasión fuera creíble, para lo cual era necesario que las potencias occidentales se mostraran unidas detrás de la exigencia de no poner ninguna restricción a la acción de los inspectores de la ONU. Ello no pudo ocurrir por la posición de Rusia, Francia y otros, que jugaron por el contrario a erigirse en contrapoderes a la acción de E.U. e Inglaterra.

Finalmente, creo que el tiempo también confirmó, lamentablemente, los temores respecto al fracaso de las tareas de “State-Building” y la ineficacia de la invasión para lograr el objetivo de lograr un mundo más seguro; así como la previsión del progresivo desgaste de la posición de los “halcones” dentro de la Casa Blanca.

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México: Bajo torpezas políticas, un gran malestar por Luis Pásara

Fuente: Perú.21

López Obrador en México y Morales en Bolivia expresan rechazo a las instituciones, alimentados y envalentonados por el descontento con la democracia.

Andrés Manuel López Obrador, el candidato de la izquierda mexicana a la presidencia, derrotado por algo menos de seis décimas porcentuales, según los resultados oficiales, mandó “al diablo las instituciones” y, a partir del rechazo a “la República simulada”, será proclamado “Presidente legítimo” el 20 de noviembre, según aprobó un millón de personas reunidas el sábado 16 en la plaza principal de la Ciudad de México. Un paso más, en una dirección incierta, que pone en riesgo la estabilidad del país.

La apuesta de López Obrador es aventurada pero no carece de cálculo. De una parte, México es un país con tradición de fraude electoral, niveles de desconfianza muy altos y, consiguientemente, una extendida tendencia a la sospecha. En ese marco, el fraude que puede no haber ocurrido es popularmente verosímil. De otra parte, aun sin prestar atención al resultado electoral, entre la mitad de la población mexicana que vive en pobreza, hayan tenido o no esperanzas en su candidatura, muchos comparten el rechazo a esa democracia oficial que proclama ganador al candidato de la derecha que, como

López Obrador se encargó de proclamar, era efectivamente el “candidato de los ricos”.

Por algo ya el estado de Oaxaca -con tres millones de habitantes- vive, desde hace tres meses, en una situación insurreccional. No hay guerrilleros en el poder, pero tampoco hay un gobierno a cargo. La mecha se encendió en mayo con una huelga de los 70 mil maestros, a la que el gobierno del Estado y el gobierno federal no prestaron atención eficaz. La situación se ha ido deteriorando, milicias populares han clausurado oficinas públicas, policía y ejército miran para otro lado y el movimiento exige, como en Bolivia, una asamblea constituyente para resolver todos los problemas acumulados.

En Bolivia, precisamente, el partido de Evo Morales, a su modo, también ha mandado “al diablo” las reglas del juego de la Asamblea Constituyente elegida en julio.

Convocada la elección bajo el principio de que, para aprobar el nuevo texto constitucional habría de requerirse dos tercios de los votos de los constituyentes, en agosto el Movimiento al Socialismo (MAS) impuso en la Asamblea, con su leve mayoría, la decisión de que para aprobar cada artículo bastaría la mitad más uno de los votos, precisamente un porcentaje del que este grupo dispone.

A Morales, como a López Obrador, no le importan las reglas del juego, que constituyen una suerte de columna vertebral del funcionamiento de un sistema democrático. Lo que para ellos cuenta es ser portadores de un reclamo bien fundado. No interesa mucho, entonces, si López Obrador obtuvo o no el mayor porcentaje en las urnas; como tampoco cuenta demasiado que la propuesta radical del MAS sea incapaz de lograr consensos, dado que tiene casi la mitad del electorado en la oposición. Reglas e instituciones no importan; lo que importa son las necesidades de la gente.

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El discurso de Ratisbona por Juan José Tamayo (*)

Fuente: El País

El discurso de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, que ha irritado a tirios y troyanos, se sitúa dentro de la lógica de su pensamiento desde que iniciara el giro conservador en la década de los setenta del siglo XX. Como presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Ratzinger condenó a varios teólogos que estaban elaborando una teología del pluralismo religioso en diálogo con otras religiones. El ceilandés Tissa Balasurya fue suspendido a divinis y posteriormente rehabilitado. El jesuita belga Jacques Dupuis, profesor de Teología durante casi cuarenta años en la India, sufrió un largo calvario por su obra Hacia una teología del pluralismo religioso, acusada de graves errores contra principios fundamentales de la fe divina y católica. También fueron condenadas algunas obras del jesuita indio Tony de Mello. Pero los tres tuvieron defensores de lujo: la conferencia de provinciales jesuitas de Asia se pronunció a favor de Tony de Mello; el arzobispo de Calcuta, Henry d’ Suoza, y el arzobispo emérito de Viena, cardenal Franz König, se definieron a favor de Dupuis; numerosas instituciones teológicas del mundo se colocaron del lado de Tissa Balasuriya.

El mayor ataque de Ratzinger contra el diálogo interreligioso fue la Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe Dominus Iesus, de 2000, que abrió una brecha profunda entre las iglesias cristianas, al tiempo que dinamitó todos los puentes que veníamos tendiendo teólogos y teólogas de las diferentes religiones, líderes religiosos, intelectuales y políticos. Ratzinger afirmaba allí que la Iglesia católica es “la Iglesia verdadera” y que las “Iglesias particulares” (ortodoxas) y las comunidades eclesiales (protestantes y anglicanas) “no son Iglesia en sentido propio” (n. 17). El tono era igualmente excluyente en relación con las religiones no cristianas. “Si bien es cierto -decía- que los no cristianos pueden recibir la gracia divina, también es cierto que, objetivamente se hallan en una situación gravemente deficitaria si se compara con la de aquellos que, en la Iglesia, tienen la plenitud de los medios salvífica” (n. 22, subrayado mío).

La denuncia de la “dictadura del relativismo” es una constante en el pensamiento de Ratzinger. En la Dominus Iesus condenaba las teorías de tipo relativista que tratan de justificar el pluralismo religioso, “no sólo de facto, sino de iure”, el subjetivismo, el indiferentismo, etcétera. Todavía resuenan en mis oídos las severísimas críticas lanzadas contra el relativismo en la misa previa a la celebración del cónclave en el que sería elegido Papa. Críticas hechas desde la conciencia de poseer la verdad en exclusiva, no desde la búsqueda conjunta.

La crítica del relativismo lleva derechamente a la simplificación, deformación y falseamiento de las posiciones del contrario. Esas desviaciones son las que se dan en el discurso de la Universidad de Ratisbona del 12 de septiembre, a partir de una cita, a mi juicio desafortunada, del emperador bizantino Miguel II Paleólogo, que ofrece una idea beligerante de la religión musulmana y una imagen violenta del profeta Mahoma. La propia cita, independientemente de que se comparta o no, no es casual, revela ya la tendenciosidad del discurso y, objetivamente, sitúa el discurso del Papa en el horizonte de la teoría del choque de civilizaciones de Huntington, para quien el islam es “la civilización menos tolerante de las religiones monoteístas”, y en el planteamiento etnocéntrico de Sartori, que califica al islam como religión totalitaria e incompatible con la sociedad pluralista, ya que, dice, sigue pensando en la espada. “Debe quedar claro -afirmaba Ratzinger en 1996- que no se inserta en el espacio de libertad de la sociedad plural”.

Benedicto XVI podía haber elegido otros testimonios de la época más respetuosos con el islam como los de Francisco de Asís, de Raimon Llull en El gentil y los tres sabios o de Nicolás de Cusa en La paz de la fe. Francisco de Asís se mostraba partidario del diálogo islamo-cristiano y contrario a la cruzada contra los musulmanes por considerar que el Evangelio manda amar a los enemigos y no hacerles la guerra. Una vez convocada la cruzada, se dirigió al campo de batalla y se entrevistó con el sultán. Los dos dialogaron en un clima pacífico y rezaron juntos. Estos testimonios hubieran sido más conformes al objetivo del diálogo de las culturas que el Papa decía proponerse.

Por lo demás, la violencia no pertenece a la esencia del islam, ni la guerra santa es uno de sus pilares y, menos aún, un deber de los creyentes musulmanes. Constituye, más bien, una perversión, una patología de la religión musulmana, como lo es también del cristianismo. Como se han encargado de demostrar los estudiosos del islam, resulta incorrecto y tendencioso traducir yihad por guerra santa. Su verdadero significado es esfuerzo.

Según Sayyid Abul al’ Mawdudi (1903-1979), escritor y político musulmán indio, yihad es ante todo una lucha moral en el interior de la comunidad islámica orientada a su reforma, que consiste en el cambio tanto personal como social. Sin cambio personal en las motivaciones, los puntos de vista, los objetivos y la personalidad de cada individuo no sirven de nada los cambios políticos y económicos. Cambio que ha de llevarse a cabo de manera gradual y a través de la educación, no por la fuerza. Junto al cambio personal hay que luchar contra las injusticias y por las reformas sociales, fomentando la cooperación para el logro de mejores condiciones de vida para todas las personas, con atención especial a las personas más necesitadas, como las viudas y los huérfanos, los lisiados e incapacitados.

Hay que agradecer las excusas de Benedicto XVI y valorar positivamente la aclaración de que no se identifica con el testimonio de Miguel II Paleólogo. Pero el problema no está en una cita o en un párrafo de la alocución del Papa. Es el discurso en sí, en su conjunto, cristiano-céntrico y euro-céntrico, el que hay que revisar en profundidad, porque no contribuye al diálogo. Y optar por el paradigma intercultural, interreligioso e interétnico en sintonía con la teología liberadora de las religiones y en convergencia con las distintas iniciativas de paz en el plano internacional.

Juan José Tamayo es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Fundamentalismos y diálogo de religiones (Trotta, Madrid, 2005).

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Un favor papal por Hermann Tertsch

Fuente: El País

Previsibles y poco conmovedoras son las reacciones de angustia y estupor de intelectuales, políticos y observadores occidentales ante la furia del mundo islámico por un comentario y una cita que el papa Benedicto XVI hizo en referencia a la incuestionablemente arraigada vocación del islam de imponerse por la fuerza. Nadie rebate al Papa, pero todos lo consideran culpable del conflicto. En el mundo islámico tampoco hay mayor sorpresa. El habitual celo de los moderados por dar la razón a los radicales se ve bien combinado con los insultos y maldiciones al Papa y a Occidente por favorecer, supuestamente a los radicales. Ni una voz surge con el coraje de decirles a los suyos que su indignación es gratuita, inducida o hipócrita. De la escuela coránica más fanática en Karachi a las mansiones de los funcionarios de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI) con los niños en internados en Suiza, todos dicen saber que la culpa de que el islamismo genere sociedades fracasadas, jamás libres, y sea incapaz de afrontar la modernidad, la tienen los demás, “los cruzados”, ahora el Papa.

En su discurso de Ratisbona, el pontífice se refería al rechazo que cualquier adoración a Dios ha de tener a los intentos de sus fieles de forzar su expansión por la violencia. Incluida la fe cristiana, que durante tanto tiempo lo hizo. Había mucho de autocrítica de la Iglesia de Roma cuando así se expresaba el Papa en su patria bávara, bastión de la contrarreforma. Pero estas consideraciones carecen de sentido. Primero porque los ofendidos no conciben la autocrítica. Y sobre todo porque no estamos ante una reacción de genuina ofensa o buena fe traicionada sino ante una nueva operación de la vanguardia radical del islamismo para reafirmar el secuestro de la comunidad religiosa islámica mundial y elevar un grado más la amenaza a las sociedades libres. Pagamos hoy también la muy indigna reacción de la mayor parte del mundo occidental en la crisis de las viñetas de Mahoma, cuando quedaron en evidencia las fisuras y dudas sobre nuestros principios en Occidente. El ejército de caricaturistas, intelectuales y políticos que se prodigan en guasear sobre un Cristo o el Papa se abstuvieron de solidarizarse con los daneses y de paso los tacharon de ultraderechistas. Las comunidades islámicas en Europa saben ya cómo callar bocas.

En todo caso sería ahora conveniente que nos diéramos cuenta de que la reacción habida demuestra brutalmente la profunda verdad que ha expresado el Papa. Y desvela la falacia de la teoría de que un cambio nuestro de conducta puede llevar al islam a adecuarse y a renunciar a un Dios total en la vida diaria y política de los individuos y los pueblos. Ese viejo dilema entre lo de Dios y lo del César. Desde la buena o la mala fe, el islam ha de saber que nuestro César es el Estado de derecho y las libertades, la de expresión la primera, no negociable con Dios alguno.

El islam que se dice moderado debería movilizarse para hacer frente a quienes se atribuyen el monopolio de su fe. Y no podemos ayudarle. Sería muy útil que se revolviera contra la manipulación, sacara a la gente a la calle cada vez que desde televisiones como Al Yazira o Al Manar se utiliza a Alá para llamar al crimen, a mutilar a mujeres, celebrar asesinatos, demandar la reconquista de Andalucía, Sicilia o los Balcanes o aplaudir al presidente iraní cuando promete exterminar a los judíos. En caso contrario, esos ejercicios de moderación de reyes, ulemas, generales o intelectuales se antojan un cálculo cínico o indiferente que compra seguridad al fanático a cambio de manos libres para atacar a Occidente. Los sabios templados del mundo islámico son hoy tan irrelevantes como la leyenda del idílico Al Andalus, ese producto ideológico turístico sevillano. Es el islam el que debe dejar de amenazar, quemar y matar por el hecho de que alguien hable, escriba o dibuje. Muchos creen que el intelectual Benedicto XVI no era consciente de los efectos posibles de su discurso. Puede que sí y pensara que reprimir verdades urgentes sólo favorece a quienes se mecen en la mentira o el miedo. Lamentar los dolores que la verdad produce no significa pedir perdón por expresarla. Ratisbona se perfila ya como el primer gran favor que Benedicto XVI nos hace desde su pontificado a todos, al islam y a Occidente.

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El tigre acorralado por Immanuel Wallerstein

Cuando, hace muchos años,  algunos de nosotros dijimos que la decadencia de la hegemonía estadunidense en el sistema-mundo era inevitable, imparable y estaba ya ocurriendo, la mayoría de la gente nos dijo que ignorábamos la obvia y avasalladora fuerza militar y política de Estados Unidos. Hubo críticos que dijeron que nuestros análisis hacían daño porque servían como un vaticinio que acarrea su propio cumplimiento.

Luego, en la presidencia de Bush, subieron al poder los neoconservadores e instrumentaron su política unilateral de militarismo macho, diseñada (decían ellos) para restaurar la indisputable hegemonía estadunidense, amedrentando a sus enemigos e intimidando a sus amigos para que obedecieran, sin cuestionar, las políticas de Estados Unidos en el ámbito mundial.

Los neoconservadores tuvieron su oportunidad y sus guerras han fracasado espectacularmente: no han logrado atemorizar a quienes son considerados enemigos ni intimidar a sus antiguos aliados a que obedezcan sin chistar. La posición estadunidense en el sistema-mundo es hoy mucho más débil de lo que era en 2000, y esto es resultado, precisamente, de las muy erradas políticas neoconservadoras adoptadas durante la presidencia de Bush. Hoy, mucha gente está dispuesta a hablar abiertamente de la decadencia estadunidense.

Así que, ¿ahora qué pasa? Hay dos sitios a los cuales debemos mirar: al interior de Estados Unidos, y el resto del mundo. En el resto del mundo, los gobiernos de todas las tendencias le prestan cada vez menos atención a cualquier cosa que Estados Unidos diga o quiera. Cuando era secretaria de Estado Madeleine Albright dijo que Estados Unidos era “la nación indispensable”. Esto pudo haber sido cierto alguna vez, pero ciertamente no es verdad ahora. Hoy, el tigre está acorralado.

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