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Entrevista a María Rostworowski

Personalidad indiscutible de la investigación y la cultura peruana, María Rostworowski tiene, a sus noventa y tantos años, una filosofía que ella ha aplicado, a raja tabla, toda su vida.

Entrevista: Sara Cortez Pautrat para agenciaperu.com

¿Cuál es el primer recuerdo de su infancia, en el que usted tuvo conciencia de las diferencias entre los niños y las niñas?

Nunca me preocupó en absoluto. No, porque me eduqué sola en la hacienda de mi padre, en Francia. Entonces no tenía niños con quien jugar. Ni chicos, ni chicas.

¿Es decir que pasó una infancia solitaria?

Solitaria, totalmente solitaria. Por eso luego me costó tanto trabajo socializar, porque no tenía costumbre. Y aguardaba que llegue la hija del jardinero, la nieta del jardinero, para sus vacaciones y jugar. Tendría como 8 ó 9 años. Tenía una hermanita menor, que murió de tuberculosis, en esa época no se curaba esa enfermedad.

Usted tiene formación autodidacta. ¿Alguna vez se sintió discriminada por no ser “académica”?

Una vez. Me acuerdo que en una cena, entre varias personas, estaba Flores Galindo. Era una conferencia, una reunión; me preguntaron que adónde había estudiado. Y dije: soy autodidacta; y él me contestó “!¿y usted lo confiesa?!” Yo le dije “¡pero qué voy a hacer si es verdad!”. Es la verdad, no puedo cambiar la verdad. Le pareció tan rara una cosa así. Le pareció mal, pero no era ni mal ni bien, allá yo que sé lucharla. [Se ríe]

¿Y por ser mujer se sintió discriminada de alguna forma?

Si, algunas veces discriminada; y por estudiar “indios”.

¿Un ejemplo?

La mujer tiene que hacer muchísimo más esfuerzo para que la tomen en cuenta que un varón. Un varón escribe un articulito y ya está, ya está aquí. Una mujer escribe un artículo y tiene que hacer un segundo, un tercero, para que la tomen en consideración.

¿Es difícil ser una mujer intelectual en Perú?

Ahora no, creo que ahora no. Pero cuando empecé aquí, sí era difícil. Había discriminación, pues.

No la dejaban publicar en tal o cual sitio…

No, eso no porque, al contrario, querían que publique. Me pedían si tenía algo qué publicar. No. Como le digo, que siempre tenía favoritismos el hombre. En todo.

Usted, que tiene una gran trayectoria, ¿Cuál cree que es el cambio más notable al respecto del tratamiento de la mujer?

Ahora la mujer está mucho más libre, mucho más independiente. Ya la gente se ha acostumbrado a que la mujer asuma cargos importantes, ya no causa estupor, ni envidia del sexo opuesto. Me acuerdo que, cuando me casé civilmente en Polonia – tengo una hija de ese matrimonio- y luego me divorcié vine acá y cuando me casé por segunda vez, entonces fue un escándalo. A mí me dijeron “tú te vas a anular socialmente” y yo les contesté con una palabrota, [se ríe] que prefiero no repetir, que me importaba un pepino la sociedad.

¿Y siempre ha sido así, su carácter?

Si, a mí siempre me ha gustado hacer lo que yo quiero.

Usted cree que, a pesar de todos esos cambios, ¿hay algo que no ha cambiado?

Mi amor por la investigación.

¿Un invento del siglo XX, en adelante, que usted cree que cambió la vida de las mujeres?

Creo que hay muchos inventos que cambiaron la vida de la mujer. Por ejemplo, el ama de casa, tiene mucho más facilidad, imagínese cocinar con carbón vegetal o leña. ¡Qué pesado era preparar un desayuno! En cambio, ahora pues, el calentador eléctrico en menos de cinco minutos tienes listo el desayuno.

Usted cree que los inventos para el hogar…

Creo que han sido muy importantes. Le ha permitido a la mujer tener libertad. La existencia del supermercado, todo eso, ha simplificado la vida del hogar. La vida de trabajo de la mujer. Porque la mujer tiene mucho más trabajo que el hombre. Tiene que ocuparse de su hogar, de sus hijos y al mismo tiempo de su trabajo y de su investigación, o lo que haga.

¿Qué perspectivas, qué planes tiene a futuro?

Irme con San Pedro. [Risas] ¿Qué planes puede tener una persona que tiene noventa y tantos años? Quizás una de las cosas que me dan expectativa es que mi libro “Pachacutec Inca Yupanqui” lo van a traducir al francés. Justamente he estado haciendo todo este tiempo, reacomodos, para una publicación en francés, quitándole unas cosas, poniéndole otras, haciendo una introducción sobre el paisaje peruano, para una persona que no conoce América.

¿Por qué cree usted que ha llegado a esta edad, en un país donde la expectativa de vida es tan precaria?

No sé, debe ser porque San Pedro tiene mala memoria. [Ríe] Bueno, es que lo primero, no tengo miedo a la muerte. La vida al otro lado no me preocupa, no es preocupación mía. Lo que no está en mi poder, no me voy a preocupar. Para qué voy a vivir esta vida preocupándome de la otra, cuando aun estoy en esta. Mejor aprovecho de esta vida y de lo que pueda hacer ahora. No mañana. Pero a lo mejor no tengo un “mañana”, pero tengo un “ahora”. Yo vivo, a la fecha, el momento. Sin preocuparme del futuro.

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