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Hablantes de quechua en América Latina han puesto en marcha el Proyecto de Software Libre en Quechua

…una iniciativa a favor de las lenguas locales y para acercar las nuevas tecnologías a la población

Se llama Proyecto de Software Libre en Quechua y tiene como objetivo promover las nuevas tecnologías para apoyar a culturas más minoritarias y hablantes del idioma quechua. La iniciativa es de varios hablantes de quechua de Perú y otros países de América Latina y tiene el apoyo de una entidad estadounidense.

“Hoy en día muchos piensan que quechua (runasimi) es sólo una lengua del pasado y del campo. Que no tiene nada de ver con un futuro moderno y tecnológico”, explican los impulsores del proyecto, que advierten que cada vez más los jóvenes indígenas que viven en las ciudades “desprecian su lengua” originaria.

Para cambiar esta situación, se está traduciendo software libre en quechua y se han creado herramientas de traducción y un diccionario informático con conceptos en quechua, entre otros. Todo ello, para reivindicar que el quechua también sirve para la modernidad y las tecnologías.

“Esperamos que cualquier niño andino que vaya a una cabina pública de internet en el futuro tenga la opción de ver todo en su lengua materna”, señala la iniciativa, que anima a voluntarios quechuahablantes de Bolivia, Perú, Ecuador, el noroeste de Argetina y el sur de Colombia a hacer nuevas versiones con sus dialectos.

Más información:
Proyecto de Software Libre en Quechua

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Nuestro cercano (lejano) oriente - El mundo de los asháninka. Por Jorge Paredes

Fuente: El Comercio

Casi cuarenta años después de su primera edición, el Fondo Editorial del Congreso reedita La sal de los cerros del historiador y antropólogo peruano Stefano Varese, un libro capital de los estudios sociales peruanos, que marcó un hito en las investigaciones sobre nuestra amazonía y sus poblaciones originarias.

La historia tradicional peruana suele ser una historia incompleta: atrapada con frecuencia entre los Andes y la costa, ha dejado fuera de su radio de acción a esa selva inexpugnable, cuyas poblaciones, para muchos, todavía están inmersas en un espacio anacrónico, lejos de la modernidad, del progreso y del mercado, por lo que historiar sobre ellas resulta poco menos que exótico. En 1968, cuando apareció la primera edición de La sal de los cerros, esta premisa todavía era más pesimista, y se dudaba incluso de si estas etnias estaban conformadas realmente por personas con derechos y deberes.

En este escenario, marcado además por la irrupción de las guerrillas marxistas, este libro escrito por un hijo de inmigrantes italianos, ferviente seguidor de Gramsci, descubrió al mundo académico nuestro cercano y lejano oriente, la tierra que circunda los márgenes de los ríos Apurímac, Ene, Perené, Tambo y Alto Ucayali, así como el Gran Pajonal y la orilla derecha del río Pachitea. El territorio de los asháninka, entonces conocidos como campa.

Las dos casas

¿Quiénes eran estos extraños hombres y mujeres que cada cierto tiempo cumplían una especie de peregrinación al cerro de la sal, ubicado en el Gran Pajonal, de donde tomaban un insumo para ellos sagrado? El trabajo de Varese fue una revelación. Los campa-asháninka reproducían un sistema de vida que los hacía resistir desde por lo menos cuatro siglos la invasión occidental, multiplicándose por la selva en un territorio de más de 100.000 km2.

Los capítulos más interesantes de La sal de los cerros son precisamente los referidos a la vida familiar campa-asháninka y a los efectos que tuvo en esta población la rebelión de Juan Santos Atahualpa en el siglo XVIII.

Los asháninka se dedican al cultivo de yuca y en menor medida a la caza y la pesca. Las tierras del Gran Pajonal no son aptas para una agricultura sostenida, por lo que cada cierto tiempo, ellos deben cambiar de lugar de residencia, levantando una nueva chacra en el espesor de la selva. Muchas de estas tierras con el tiempo fueron dadas a colonos, en la creencia de que estaban “abandonadas”. Cada familia tiene dos casas: la intómoe y la kaápa. La primera es la de los hombres solteros y de los huéspedes, mientras que la segunda es la casa femenina, donde vive la familia nuclear, donde se cocina y se duerme. El hijo varón vive en esta casa hasta la pubertad y luego pasa a la kaápa, desde donde saldrá a cazar, a realizar actividades comerciales y sobre todo a buscar compañera. Este cambio a veces es traumático. Varese cuenta que un muchacho le narró que lloró durante muchas noches, solo, rodeado por la oscuridad de la selva. El matrimonio asháninka pasa por un periodo de prueba, donde el varón “presta servicios” en la casa de los padres de la futura esposa. Solo si la unión se consolida, le será permitido formar su propia kaápa. Por eso, para una familia asháninka es importante engendrar hijas mujeres, que traerán yernos a la casa; en cambio los hijos varones son siempre móviles.

El dilema de la inclusión

Por siglos, los cronistas creyeron que los asháninka no tenían religión porque, a diferencia de otros pueblos, no exhibían grandes ritos paganos. Varese descubre en ellos un “sentimiento mesiánico” que desde los tiempos iniciales los impulsó al intercambio de bienes con sus pares y otros pueblos en la creencia de que este flujo satisfacía a un dios que algún día vendría al mundo a restablecer el orden, alterado por la presencia de los viracochas (blancos) y chori (mestizos).

Obviamente que La sal de los cerros no vislumbró que dos décadas después los asháninka serían protagonistas de un terrible fuego cruzado en el corazón de la selva central (se estima que por lo menos unos cinco mil de ellos fueron asesinados por las huestes senderistas). Sin embargo, sí intuyó que para estas poblaciones amazónicas cada vez el cerco se angostaba más.

Al final, se incluyen dos apéndices y cuatro ensayos que colocan el estudio de Varese (catedrático y director de estudios indígenas en la Universidad de California) en el debate actual: ¿Es necesario incluir estas poblaciones en el proyecto de la modernidad o es mejor reconocerlas y respetarlas como tales? ¿Una cosa excluye a la otra? ¿Ha funcionado la integración de estas etnias o solo las ha destruido y proletarizado? El debate de fondo de La sal de los cerros sigue abierto.

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Un clic para el quechua por Max Seitz

Fuente: BBC Mundo, Cono Sur

En adelante el sistema operativo Windows se conocerá como “T’uqu”. Para abrir una ventana habrá que hacer clic en una palabra como “Kichana” y para cerrarla, en una como “Wuiskana”.

Y si se quiere emprender una búsqueda, será necesario presionar “Maskana”…

Es que este viernes se presenta en Bolivia la versión de Windows y sus aplicaciones del paquete Office en idioma quechua.

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Todas las lenguas por Mirko Lauer

La decisión de Maria Sumire e Hilaria Supa de expresarse solo en su quechua natal les ha valido críticas y algunos insultos gruesos en la prensa. Pero más allá de lo que ellas tengan que decir en su idioma, el principio de su postura tiene que ser saludado: el Perú tiene una deuda con sus idiomas locales, y las dos congresistas la están trayendo al debate.

Tal vez el método adoptado hasta ahora no es de los más políticos. Sumire y Supa confrontan a los públicos de la política con su ignorancia del quechua. Lo cual sugiere un deseo de que los mistis también hablen o entiendan quechua, como los paraguayos el guaraní. No estaría nada mal, pero en este terreno hay algunos objetivos más inmediatos y viables.

Podrían conservar el uso del quechua para sus discursos ante el pleno del Congreso, y este debería proporcionar un traductor estable para ese propósito. Debemos entender que ellas promoverán la enseñanza de los idiomas nativos como lenguas maternas, ofrecido por el gobierno de Juan Velasco Alvarado, mas nunca materializado lo suficiente.

La iniciativa velasquista fracasó por creer que los idiomas se rescatan y defienden por mero decreto, por una profunda invisibilidad política de los principales interesados en esos años, y porque el tema de la tierra todavía opacaba a todos los demás en la conciencia pública, incluso entre los hablantes de idiomas nativos. Mucho de esto ha cambiado.

En la era de la defensa de los conocimientos originarios ante la Organización Mundial de Comercio, de reclamo de nuestra paternidad de nombres y marcas en la circulación mundial, y de deseos de desexcluir al sur andino, resulta inexplicable la indiferencia frente al quechua, el aimara y los demás idiomas de la cultura peruana.

Si ser confrontados en casa por un idioma indescifrable le resulta chocante a muchos, tratemos de imaginar lo que sienten millones de peruanos frente a un castellano que no comprenden, o que nunca llegan a dominar del todo. La reacción a Sumire y Supa da la impresión de que los nuestros son idiomas no tan sutilmente perseguidos.

Argumentos como que quechua o aimara son idiomas innecesarios porque el castellano comunica con millones, o que son sus propios hablantes los que quieren deshacerse de ellos, o que la ausencia de escritura los hace inviables en el mundo moderno son -para usar una expresión grata a Mario Vargas Llosa- tremendamente arcaicos.

Quizás la tarea de rescate les quede materialmente grande a Sumire y Supa. Pero en este tema tienen el corazón en su sitio. Sorprende mucho que el resto de su bancada no haya salido en su defensa frente al insulto étnico, y de hecho el Perú espera algunas propuestas técnicamente razonables desde ese sector que aspira a colegislar el país.

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Windows y Office traducidos al quechua

Fuente: Ministerio de Educación

La traducción al quechua de los programas Windows y Office de Microsoft, permitirá que más de 675 mil escolares quechuahablantes accedan a las nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación y, de esta manera, estudien en las mismas condiciones que cualquier otro alumno del Perú o del mundo, informó hoy en Cusco el ministro de Educación, Javier Sota Nadal.

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Homenaje a Sarita Colonia en Construyendo Nuestra Interculturalidad 3

El tercer número de Construyendo Nuestra Interculturalidad ha dedicado un homenaje a Sarita Colonia con tres artículos y una galería de imágenes. Los textos están a cargo de: Ana María Quiroz (socióloga) quien nos ofrece los resultados de su investigación sobre el origen y características del culto a Sarita Colonia. Gonzalo Portocarrero (sociólogo) ofrece un relato de su visita al mausoleo de Sarita en el Cementerio Baquijano y Carrillo de El Callao (Lima, Perú) y Finalmente, Ernesto Vásquez (antropólogo) realiza un interesante análisis sobre la resistencia cultural y religiosa presente en el culto a Sarita Colonia, no solo en el terreno de la discriminación racial y de clase social, sino también de la discriminación de género y por razones de identidad sexual. Acompañan estos artículos, una exposición fotográfica del Mausoleo de Sarita Colonia ubicado en el Cementerio Baquíjano y Carrillo de El Callao, Lima, Perú, de Arturo Quispe Lázaro, también sociólogo.

Dibujo de Sarita ubicado en el interior del mausoleo de Sarita Colonia en el cementerio Baquíjano y Carrillo del Callao

Investigación
Sarita Colonia, Santa Te Quiere El Pueblo
Ana María Quiroz
El origen y características del culto a Sarita Colonia.

Relato
Un Mediodía con Sarita
Gonzalo Portocarrero
Sentido relato de una visita al mausoleo de Sarita en el Cementerio Baquijano y Carrillo de El Callao

Análisis
Sarita Colonia: Popular Resistance in the everyday life of Transnational Migrants
Ernesto Vásquez
Análisis sobre la resistencia cultural y religiosa presente en el culto a Sarita Colonia.

Exposición Fotográfica
Sarita para todo el mundo
Arturo Quispe
Exposición fotográfica del Mausoleo de Sarita Colonia ubicado en el Cementerio Baquíjano y Carrillo de El Callao

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