Fuente: El Comercio
Los Barrios Altos y el criollismo. El distrito limeño es un espacio cuyas características geográficas y sociales permitieron el desarrollo de expresiones culturales complejas y ricas. Es una reserva de tradiciones arquitectónicas, culinarias y musicales que han crecido con el tiempo. En Barrios Altos se bautizó al 31 de octubre como el Día de la canción criolla.
Desde el inicio de la fundación de Lima, en el camino que iba en dirección sur-este, entre la Plaza Mayor y la “reducción de indios del Cercado”, se fue avecinando una población de españoles artesanos, pequeños comerciantes, mestizos, negros libertos, zambos, mulatos e indios emancipados que, con el correr del tiempo, se va a conocer como los Barrios Altos, nombre que tiene su explicación, por la topografía de esta zona algo más elevada con relación del centro Lima y que puede observarse en las calles de Santa Clara, Huaquillas con los Naranjos y Carmen Bajo con Carmen Alto.
La ubicación estratégica de los Barrios Altos, al conectar directamente Lima con el centro y sur del Perú por las portadas de Maravillas, Barbones y Cocharcas, se convirtió en una zona natural de expansión urbana albergando incluso, a la nobleza limeña que construyó sus casonas en las primeras cuadras que iban de la avenida Abancay a la Plaza de Santa Ana. A la matriz humana que nos hemos referido, se fueron agregando paulatinamente, arrieros, pequeños comerciantes y artesanos de diferentes lugares del Perú que llegaban a Lima a “hacer negocio” y que dormían en los Tambos de Maravillas y Barbones para quedarse, muchos de ellos, a vivir definitivamente en los Barrios Altos. Pero también, tempranamente viven italianos, después chinos y finalmente japoneses que con sus descendientes, y la amalgama de todos ellos, configuran una “fusión de culturas” que se manifiesta en sus callejones, conventillos, solares, quintas, plazuelas, fondas, panaderías, bazares, peluquerías, chifas y teatros.
En los Barrios Altos se encuentran “todos los pueblos” que sirven de base humana para el surgimiento de la música criolla a fines del siglo XIX y que tuvo sus máximos representantes en el histórico dúo Montes y Manrique, en el inmortal Felipe Pinglo, Pablo Casas, Laureano Martínez, Pedro Espinel, Yolanda Vigil, Nicomedes Santa Cruz (padre), Ernesto Soto, Alberto Condemarín, Luis Dean, Alejandro Villalobos, Gonzalo Toledo y muchos otros. Fue en los Barrios Altos y no podía ser en otro lugar, que el 18 de julio de 1944 en el Club Carlos A. Saco, en el “ochavo”, en la esquina de Acequia Isla y los Naranjos, teniendo como frente la plazuela de Buenos Aires, el presidente Manuel Prado instituyó el 31 de octubre como “Día de la canción criolla”.
Los Barrios Altos, con sus callejones: San José, El Ponce, Muña, La Reja, Jaime, la Espada; quintas: Heeren, Baselli, Carbone, El Carmen; plazuelas: Buenos Aires, Santa Ana, Santa Clara, Mercedaria; cines que se “fueron”: Pizarro, América, Conde de Lemos, Apolo, Delicias, Buenos Aires, Cinelandia; su cancha de fútbol Buenos Aires, sus piscinas de Virrey Toeldo, Maravillas, sus colegios centenarios: Ramón Espinoza, Los Naranjos, sus “peñas” criollas, el paradigmático “Centro Musical Barrios Altos”; sus calles: Siete Jeringas, Huaquillas, Acequia Isla, Naranjos, Cocharcas, Chirimoyo, éstos y muchos otros lugares viven en la memoria colectiva de los barrioaltinos, en especial, de sus vecinos mayores o de los que han “emigrado” a otros lugares de Lima y el mundo.
Precisamente, una “muestra viviente” del cariño, de la identificación con los Barrios Altos, es la existencia del GABA (Grupo Amistad Barrios Altos), señores de 70 a 85 años que, religiosamente, los últimos sábados de cada mes, almuerzan en el Club Tacna. Es maravilloso verlos llegar alegres, con su “chispa” criolla innata, con sus recuerdos vívidos hace 40, 50, 60 años atrás en algún lugar de los Barrios Altos. Algunos llegan ya con bastón, acompañados por un familiar, pero llegan; otros asisten con su botella de buen pisco. En el GABA y en los almuerzos estuvieron Gonzalo Toledo y Cruz Saco, ambos fallecidos este año. Pero el GABA sigue viviendo en Escudero, del Solar, Pacheco, Rossi, “Petronio”, Vargas, y en las nuevas generaciones que van tomando la posta.
En el día de la Canción Criolla rendimos homenaje a los Barrios Altos, “cuna del criollismo”, de Felipe Pinglo y Pablo Casas, a sus callejones, quintas, cinemas que la modernidad se llevó; plazuelas, calles, al “Centro Musical Barrios Altos”, con sus 61 años, al GABA, venerables señores que lo único que los convoca mensualmente es haber vivido en algún lugar de los Barrios Altos, y a mi padre, que con sus 96 años, es el último de una estirpe de barrioaltinos de pura cepa.
*Decano de la Facultad de Ciencias Sociales de San Marcos