Archive for Octubre 23, 2006

Un vocero obsceno por Jorge Bruce

Fuente: Perú.21

Son varias las razones por las cuales los ataques del congresista Mulder a la defensora del Pueblo, Beatriz Merino, son inaceptables y deben ser parados en seco. Sería demasiado pedir que el insulto en sí fuera erradicado de la vida política. La agresividad es parte integrante de la lucha por el poder y, desgraciadamente, las personas como Valentín Paniagua, capaces de mantenerse estrictamente en el ámbito argumental, son excepcionales. Por eso es que desde ya lo extrañamos tanto. En cambio los congresistas con incontinencia verbal son la norma. En ese ambiente hostil y degradado, en que las ideas estorban, el que escupe, patea o insulta más rápido lleva las de ganar.

Pero todo esto lo aguantamos con resignación y hasta con cierto goce secreto por el escándalo y el vejamen infligido a otros. Es la naturaleza y circunstancias de lo que Mulder ha groseramente insinuado -si se permite el oxímoron- a Merino, lo que hace de este un caso ejemplar. “Hay que estar siempre sacando a la señora (Merino) y a la Defensoría del Pueblo del clóset”, dijo, refiriéndose a la posición de esa institución respecto del conflicto entre la empresa Pluspetrol y la comunidad achuar. “¿Por qué no viaja allí e impone el peso de su liderazgo y de su cargo y empieza a tratar de resolver los problemas, que es lo que le corresponde?”, agregó. De este modo condensó en su diatriba dos formas distintas de discriminación. Porque si traducimos la ‘elegante’ ironía del congresista aprista, lo que le ha dicho a la defensora es lesbiana y gorda.

Las vueltas que da la vida: algo parecido hizo su archienemigo Fernando Olivera durante el régimen anterior, agrediendo en parecidos términos a la entonces primera ministra Merino. Pueda que se odien, pero en la homofobia y la exclusión son hermanos. Para políticos como Mulder la opción sexual -sea cual fuere- o la apariencia física de una persona son materia de descalificación y eliminación. Excepto que se trate de Víctor Raúl, claro está. Fue el mismo congresista quien azuzó y justificó las agresiones físicas contra Toño Angulo por la publicación de su libro Llámalo amor si quieres, en una de cuyas crónicas se explora el antiguo rumor de la homosexualidad de Haya de la Torre. No obstante, el texto de Angulo está escrito con respeto y cariño por la figura del líder histórico del Apra. Asimismo, habría sido indigno y absurdo combatir las opiniones del Jefe Máximo aludiendo a su obesidad. Entonces, ¿lo que es inadmisible con Víctor Raúl está permitido con Beatriz?

Pero acaso lo más importante son las circunstancias en que se manifiestan esta intolerancia, estos prejuicios, esta discriminación. La señora Merino está cumpliendo con su deber cuando asume la defensa de los achuares. Ese es su trabajo. Ella representa a una institución que se ha ganado, cosa rara en nuestro país, el reconocimiento de la población, gracias al trabajo de los sucesivos equipos liderados por Jorge Santistevan, Walter Albán y Beatriz Merino. No podemos permitir que la discrepancia institucional sea tramitada en términos que, bien mirado, nos ofenden a todos. Nuestra sociedad requiere y exige precisamente lo contrario. Intervenciones como esas, en que el agravio viene manchado de infamias comparables a las racistas, solo acentúan las divisiones, alejan la integración, fomentan la discordia. El daño que causan a la vida pública es mucho más grave que unas cuantas carcajadas sarcásticas. Y el mensaje que propalan es de amedrentamiento lumpen: si te metes con nosotros, te vamos a romper el alma, es decir, la imagen. Sería muy útil que los máximos dirigentes gubernamentales se encargaran de moderar con firmeza, de preferencia públicamente, los exabruptos de Mauricio Mulder. Con su silencio están confirmando lo que sospechamos: les conviene contar con un operador obsceno, encargado del trabajo sucio.

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Entrevista a John Murra (por John Rowe)

El 16 de octubre ha fallecido el antropólogo John Murra, fundador de los modernos conceptos sobre los cuales se basa la comprensión de las culturas andinas; en buena cuenta, fundador del marco teórico de nuestra etnohistoria. De origen rumano, nacido en Odessa (actual Ucrania), Murra falleció cumplidos los 90 años de edad, en los Estados Unidos, donde desarrolló su vida académica. Fue uno de los mejores amigos de José María Arguedas. Reproduzco más abajo una de las mejores entrevistas con él, hecha por el peruanista John Rowe, precedida de una detallada nota biográfica.

ENTREVISTA CON JOHN MURRA *
Traducción de Martha León Urdaneta

John Murra es un antropólogo que ha dedicado gran parte de su carrera profesional al estudio de la etnología histórica de los incas y de otros pueblos andinos del Ecuador, Perú y Bolivia, mediante la utilización de fuentes y métodos históricos. En el transcurso de su quehacer científico ha editado una serie de documentos de la mayor importancia e interés para los historiadores, ha realizado una cantidad sustancial de trabajo de archivo y ha tratado más que nadie de acercar a historiadores y antropólogos de tres continentes y de mantener el diálogo entre ellos. Lo que ha incentivado su investigación de archivo es lá convicción de que para lograr un mayor conocimiento de la etnología histórica andina es menester encontrar nuevas fuentes. Siempre ha prestado especial atención a los problemas de orden económico. Lo que a Murra le interesa es averiguar cómo funcionaba el Estado inca, u otra organización política andina, en los años inmediatamente anteriores a 1532, particularmente en el campo económico. Para esta labor, ha dependido de documentos históricos. Me he referido a lo que él hace como “etnología histórica”. Su hipótesis sobre el “archipiélago vertical” ha estimulado la investigación y la discusión entre estudiosos interesados en los Andes comprendidos entre Ecuador y Bolivia.
En 1963, Murra recibió una importante subvención de la National Science Foundation para un proyecto de tres años que buscaba suministrar contexto antropológico a la visita de Huánuco de 1562. Se trataba de conformar un equipo de arqueólogos, etnólogos, un etnobotánico y otros especialistas, con el fin de realizar investigaciones en la zona descrita por la visita. Según Murra, los proyectos anteriores habían surgido del interés de arqueólogos o etnógrafos en regiones específicas, y la búsqueda de documentos históricos referentes a ellas se realizaba con posterioridad. Debido a la irregular preservación de los documentos históricos, era frecuente que hubiera pocos documentos disponibles para la zona escogida. La visita de Huánuco ofrecía una oportunidad, posiblemente única en el Perú, para organizar un proyecto de investigación regional en el que la documentación histórica, o al menos la parte de ésta que interesaba a Murra, ya estaba a la mano. Para los historiadores, el aspecto más importante del proyecto era la publicación de una nueva y asequible edición de la visita y la acumulación de información contextual para ella.
Después de concluir el proyecto de Huánuco, en 1966-1967, Murra fue becario posdoctoral de la National Academy of Sciences destacado ante la Smithsonian Institution. En 1968 fue nombrado profesor de antropología en la Universidad de Cornell, puesto que ocupó hasta su jubilación, en 1982. Su incansable búsqueda de nuevos contactos personales y de estímulo intelectual lo llevó a servir como profesor visitante en Yale entre 1961 y 1963; como investigador del Instituto para Estudios Avanzados de Princeton entre 1974 y 1975; como profesor en Francia en Nanterre y París- entre 1975 y 1976,y en el Instituto Nacional de Antropología e Historia de México en la primavera de 1977; entre 1978 y 1979 pasó su año sabático trabajando en el Archivo de Indias de Sevilla y en la primavera de 1980 adelantó investigaciones de tiempo completo en Lima, mientras que en la de 1981 fue profesor visitante en John Hopkins.
La jubilación de Murra no ha resultado en una disminución de sus actividades académicas. En 1982 v 1983 fue consultor del Banco Nacional. de Bolivia, comisionado destiempo completo en el Museo Nacional de Etnografía de la Paz, y de 1983 a 1984 fue becario Guggenheim.
En 1969, Murra fue seleccionado para dictar la conferencia en honor de Lewis Henry Morgan en la Universidad de Rochester y ha desempeñado la presidencia de la American Society of Ethnohistory (1970-1971), de la American Ethnological Society (1972-1973) y del Institute of Andean Research de Nueva York (desde 1977). Actualmente colabora con los consejos editoriales de Histórica de Lima; Historia Boliviana, de Cochabamba; Changara de Arica, y HAHR.

JOHN HOWLANI ROWE
Profesor de antropología, Universidad de California, Berkeley

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Estoy mejor calladito por Umberto Eco, filósofo

Fuente: El Comercio
Creo que han pasado ya quince años desde que escribía que Europa, al cabo de algunas décadas, se convertiría en un continente multicolor, pero que el proceso costaría lágrimas y sangre. No era un profeta, sencillamente una persona con sentido común. Sin pensar en los atentados terroristas, me basta con ver lo que agita los ánimos estos días.

En Francia, un profesor de bachillerato escribe cosas muy críticas hacia la religión musulmana y corre peligro de muerte. En Berlín se quita de la programación un Idomeneo de Mozart donde aparecen cortadas las cabezas no solo de Jesús y Buda, sino también de Mahoma. No hablo del Papa, que en el fondo, a su edad, debía entender que hay una cierta diferencia entre la lección universitaria de un profesor cualquiera y el discurso de un Pontífice transmitido por todas las televisiones y que, por lo tanto, quizá debía haber sido más cauto (claro que los que han tomado como pretexto una cita histórica para intentar desencadenar una nueva guerra de religión no están entre aquellos con los que querría salir a cenar).

Sobre el caso del profesor Redeker ha escrito un buen artículo Bernard-Henri Lévy: podemos no estar de acuerdo con lo que piensa, pero debemos defender su derecho a expresar una opinión libre en materia religiosa. Sobre el caso del Idomeneo, el ex embajador Sergio Romano escribe en “Corriere della Sera” lo que intento retomar con términos míos, de los cuales no es responsable él: si un director loco por estar a la última pone en escena una ópera de Mozart introduciendo en ella las cabezas cortadas de algunos fundadores de religiones, mientras a Mozart ni se le habría ocurrido, lo menos que se puede hacer es correrlo a patadas, pero por razones estéticas y filológicas, como a patadas habría que tratar a esos directores que representan el Edipo Rey con los personajes en traje de chaqueta. El mismo día en que todos esos artículos aparecían en el “Corriere”, en otro diario italiano, “La Repubblica”, un músico insigne como Daniel Barenboim, aun preguntándose con sensatez si de verdad estaba en el espíritu mozartiano aventurarse en esa puesta en escena, apelaba a la libertad del arte. Creo que mi amigo Daniel estaría de acuerdo en deplorar que hace años se criticara (o prohibiera) la puesta en escena del “Mercader de Venecia” de Shakespeare porque se inspiraba ciertamente en un antisemitismo común a su época (y antes aún, de Chaucer en adelante), pero que nos muestra en Shylock a un caso humano y patético. Pero he aquí ante qué nos encontramos: ante el miedo de hablar. Y recordando que estos tabúes no se les pueden imputar exclusivamente a los fundamentalistas musulmanes (que en cuanto a susceptibilidad no bromean), sino que empezaron con la ideología de lo políticamente correcto, inspirada de por sí en el sentido del respeto hacia todos, pero que a estas alturas impide contar, por lo menos en Estados Unidos, chistes no digo sobre los hebreos, musulmanes o minusválidos, sino sobre escoceses, genoveses, belgas, policías, bomberos, basureros y esquimales (que no debería llamarlos así, pero si los llamo como ellos quisieran, nadie entendería de quién hablo).

Hace unos veinte años, enseñaba en Nueva York y, para mostrar cómo se analiza un texto, elegí, casi por casualidad, un relato en donde (en una sola línea) un marinero con un lenguaje deslenguado definía la vulva de una prostituta “ancha como la misericordia de…” y pongo los puntos suspensivos en lugar del nombre de una divinidad. Al final, se me acercó un estudiante evidentemente musulmán que respetuosamente me regañó por haberle faltado el respeto a su religión. Le respondí, obviamente, que yo solo estaba citando una vulgaridad ajena, pero que en cualquier caso le pedía disculpas. Al día siguiente, introduje en mi discurso una alusión poco respetuosa a un personaje insigne del Panteón cristiano. Todos se echaron a reír, y él se unió a la hilaridad general. Entonces, al final, le tomé del brazo y le pregunté por qué le había faltado el respeto a ‘mi’ religión. Y luego intenté explicarle la diferencia entre hacer una alusión de broma, tomar el nombre de Dios en vano y proferir blasfemias, invitándolo a una mayor tolerancia. Las disculpas las pidió él; yo confío en que entendiera. Lo que quizá no entendiera es la extremada tolerancia del mundo católico: en una ‘cultura’ de la blasfemia, donde un creyente timorato de Dios puede definir al ente supremo con adjetivos que no se pueden repetir.

Claro que no todas las relaciones educativas pueden ser pacíficas y cívicas como las que tuve con mi estudiante. Para lo demás, mejor callar. ¿Pero qué sucederá en una cultura en la que, por temor a meter la pata, ni siquiera los estudiosos osarán ya referirse (lo digo por decir) a un filósofo árabe? Derivaría una damnatio memoriae, se borraría una respetable cultura distinta a través del silencio. Y no resultaría útil al conocimiento y a la comprensión recíprocas.

UMBERTO ECO ES AUTOR DE “EL NOMBRE DE LA ROSA” Y DE “EL PÉNDULO DE FOUCAULT”.
TRADUCCIÓN DE HELENA LOZANO MIRALLES
© 2006 UMBERTO ECO/L’ESPRESSO. DISTRIBUIDO POR THE NEW YORK TIMES SYNDICATE EXCLUSIVO PARA EL DIARIO EL COMERCIO EN EL PERÚ.

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El problema de Chomsky por Mario Montalbetti

Fuente: El Comercio

La llegada a Lima del último gurú de la intelectualidad mundial. Mañana en la Universidad Católica, Noam Chomsky dará una conferencia sobre biolingüística, pero más allá de su gran aporte a esta rama del conocimiento, el norteamericano se alza como una de las figuras más lúcidas del mundo contemporáneo.

[También puede ver el artículo sobre Chomsky en San Marcos]

Hace veinte años, en su libro Knowledge of Language, Noam Chomsky identificó dos problemas del conocimiento humano. El primero es: ¿cómo es posible que con tan poca evidencia sepamos tanto? A este problema lo denominó el problema de Platón. Las ciencias físicas son un caso paradigmático de este problema: con información fragmentaria, inconstante y empobrecida sobre el mundo externo, los seres humanos han logrado sistemas teóricos y predictivos extraordinarios. El segundo problema es la contraparte del primero: ¿cómo es posible que teniendo tanta evidencia sepamos tan poco? A este problema, Chomsky lo denominó el problema de Orwell. Un caso típico del problema de Orwell se manifiesta de la siguiente forma: ¿cómo es posible que sistemas ideológicos opresivos son capaces de inculcar creencias en los seres humanos, creencias que son firmemente defendidas y aceptadas a pesar de que carecen de fundamento y muchas veces están en abierto antagonismo con los hechos más obvios del mundo que vivimos y nos rodea?

Chomsky ha hecho contribuciones sustanciales a ambos problemas. Respecto del problema de Platón, Chomsky ha desarrollado la teoría lingüística más importante de la segunda mitad del siglo XX, denominada Gramática Generativa. Sus aportes en este campo son tan decisivos que aún si uno objeta su programa de estudios es imposible ignorarlo. La cuestión central de la gramática generativa es simple: ¿cuál es la contribución genética que subyace a la adquisición y uso del lenguaje humano? Supongamos que un órgano del cuerpo es responsable de dicha contribución, un órgano cognitivo a la par con otras facultades como el uso de la razón. Llamemos a un órgano tal la facultad de lenguaje. Entonces, el programa chomskyano es una teoría sobre dicha facultad.

La facultad del lenguaje humano, como su nombre lo anuncia, es una facultad específica del ser humano y es una facultad específica del lenguaje. En tanto lo primero, solamente los seres humanos la poseen y salvo casos patológicos su estructura es la misma en todos los seres humanos. En tanto lo segundo, esta facultad es responsable específicamente del lenguaje y no se desembalsa hacia otros sistemas cognitivos. Es posible que una facultad del lenguaje así caracterizada no exista, pero la apuesta del programa chomskyano es que sí existe y que la asunción de tal órgano cognitivo es la única teoría que siquiera comienza a desempacar la posibilidad de adquirir y emplear un sistema tan complejo como es el lenguaje humano.

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Historia: Mascaradas de ayer por Edgardo Rivera Martínez

Fuente: El Comercio

La fiesta de la vieja en el Chorrillos del S. XIX. José María Samper (1828- 1888), de quien nos hemos ocupado en varias ocasiones, fue un polifacético escritor colombiano animado por un ideal integracionista hispanoamericano que se adelantó en mucho a su tiempo.

Vino al Perú a trabajar como Redactor Principal de El Comercio a fines de 1859, y dejó entre muchas obras la novela Una taza de claveles, que él definió como una serie de “cuadros dramáticos y de costumbres” de la Lima que conoció. Por entonces subsistían “algunas tradiciones curiosas, que nos parecen tan inocentes como orijinales”. El autor se refiere a las fiestas populares de la Borrica de Ramos, la pesquería de San Pedro, y sobre todo a la de la vieja.

Cuando no había aún ferrocarril, la vieja, que en realidad eran dos viejos, pero la más importante la primera, partía de Lima “en un carro triunfal, seguida de muchas jentes, en carretas, a pié i a caballo, i la numerosa comitiva desfilaba lentamente por los callejones, como una serpiente de varios colores que se desliza por entre las grietas de un pedregoso arenal. Allí iban muchos hombres disfrazados, i se llevaba una considerable provisión de tiples, bandolas i otros instrumentos contundentes del oído, amén de muchas botellas i otros instrumentos achispantes.”

Cuando ese séquito llegaba a Chorrillos, comenzaba lo mejor:

“[…] la banda de disfrazados, compuesta principalmente de calaveras limeños, tiene el privilejio de entrar a todas las casas i obligar a las señoras que se hallen en ellas a bailar con los enmascarados una, dos o tres piezas. La única condición que las señoras tienen establecida es la que de uno de los enmascarados se descubra ante la señora principal de la familia i garantice la honorabilidad de los compañeros, ademas de ser él mismo conocido i honorable. Como la parranda misteriosa lleva su pianista para el gasto, al punto se organiza el baile, i si por casualidad no hai piano en la casa, lo sustituye una orquesta de guitarras i tiples. Una vez que ha satisfecho su deseo, la parranda sigue su camino, repitiendo la operación en las casas donde el sexo femenino tiene mas numerosa o interesante representación.”

Pero en su renovada versión, dos hombres con “estravagantes atavíos, […] imitando a un viejo i una vieja, en cuyas figuras contrastan fuertemente los movimientos juveniles mas inquietos con el aspecto mas servil,” iban a la cabeza de “una procesión de muchachos con grandes faroles de papel con velas de cebo. En seguida […] la orquesta popular, compuesta de una guitarra de mala muerte, un tiple i un pandero.”

“En las grandes ocasiones suele figurar algún tambor u otro instrumento simultáneamente contundido i contundente, que enriquece la orquesta ambulante. Por último, tras de los viejos o la vieja camina a empellones la turba-multa, dando gritos de alegría i remolineando como un huracán.”

El grupo se detenía de casa en casa, o al menos frente a las de los notables, “i le brinda su espectáculo a la familia respectiva, exactamente como un toreador brinda sus suertes. La orquesta ejecuta entonces con el mayor ruido posible la turbulenta i popular zamacueca, que es el equivalente sublimado de nuestro torbellino, i los dos viejos se ponen a bailar sobre las duras piedras de la calle al furor de contorsiones, galanteos, vueltas i revueltas, que la chusma se enloquece de gusto.”

Al terminar la danza, los bailantes hacían mil reverencias y arrojaban sus pañuelos a los pies de las señoras o de los caballeros, lo que les valía una buena propina, y luego la comitiva continuaba su paso por las calles, repitiendo la misma escena ante otras moradas. Pero un poco más tarde, según la versión de Samper, venía algo aún más pintoresco, ante lo cual cedían incluso los fanáticos jugadores de rocambor:

“Hacia las nueve de la noche comienza a su vez, la peregrinación tumultuosa de la banda de disfrazados. Desde que empieza la danza en cada casa, se inaugura un conjunto curiosísimo de diálogos burlescos, conversaciones en falsete, chuscadas, sorpresas, suposiciones, quid pro quos i carcajadas, empeñándose igualmente los enmascarados en mantener su incógnito i burlar toda sospecha, i las señoras i señoritas en adivinar o descubrir con quienes hablan o bailan i establecer claramente la identidad de los traviesos danzantes.”

¿Hasta cuándo se celebró esa fiesta? ¿Decayó con la crisis fiscal de los años 1870? Los textos que hemos revisado para nuestro reciente libro Los balnearios de Lima. Antología. Miraflores - Barranco - Chorrillos, publicado por la Fundación Bustamante, que incluye el de Samper, no aportan información al respecto. Cabe inferir, pues, que se extinguió con la destrucción de Chorrillos por la soldadesca chilena, pero en cuya resurrección es imposible pensar, dadas las formas y condiciones de la vida urbana ahora. Por suerte sí subsiste, plena de vitalidad y alegría, la “turbulenta y popular” zamacueca, danza emblemática de Lima y de la costa, y tan celebrada en otras partes del país, ahora con el lindo nombre de “marinera”.

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Chomsky en San Marcos

Como calentando para la conferencia 514 años después: La conquista tambalea de Noam Chomsky (que será transimitida en vivo y vía internet: http://www.unmsm.edu.pe/conferencia/), publicamos el siguiente artículo de Mirko Lauer

Chomsky, profesor nada distraído por Mirko Lauer.
La República/22/10/06
Aunque el clima político aquí no está muy radical, la llegada del profesor estadounidense Noam Chomsky a Lima esta noche es un acontecimiento. Hay dos conferencias masivas programadas (PUCP y UNMSM), y con todas las entradas agotadas, que se retransmitirán a grandes pantallas en otros espacios. Chomsky viene de Chile, donde ya ha estado una vez antes, y de Lima pasará a Quito y Caracas.

En una encuesta conjunta a los lectores de las revistas Prospect (Londres) y Foreign Policy (Washington) Chomsky fue considerado el intelectual público más importante hoy (Hernando de Soto N°13, Mario Vargas Llosa N°56). En efecto por momentos este lingüista octogenario da la impresión de estar sosteniendo él solo la bandera del radicalismo político occidental.

Chomsky revolucionó la lingüística y se estableció como intelectual de primer orden con su libro Sintactic Structures, de mediados de los años 50, con el cual se inicia la gramática transformacional. Quizás su idea más conocida de aquella etapa es el planteamiento de que la estructura del lenguaje equivale a la estructura del pensamiento.

Una vez consolidado su prestigio como lingüista, Chomsky empezó a dedicar cada vez más tiempo a la crítica política. Más de un par de docenas de libros lo ha establecido como el principal cuestionador del orden establecido en su país, y ahora último como uno de los demoledores de la argumentación en que se basa la política exterior de George Bush.

Manufacturing Consent, un texto sobre la manipulación del ciudadano desde los medios, escrito a medias con Edward S. Herman, sigue siendo el libro de referencia para el pensamiento de Chomsky.

Pero el libro que ha deslumbrado a Hugo Chávez (a quien verá al final de esta gira por la zona andina, a pesar de que en su entusiasmo el presidente venezolano Chávez lo declaró muerto) es, comprensiblemente, Hegemonía o supervivencia. Estados Unidos en pos del dominio mundial (el proyecto de un imperio estadounidense).

Contra lo que podría parecerle a un intelecto no entrenado en esos asuntos, Chomsky no es propiamente hablando un izquierdista, sino una suerte de cartesiano radical, convencido de que los discursos políticos actuales no resisten un examen realmente científico. Que es el tipo de análisis que realiza en sus exitosos libros.

Chomsky sigue dedicado a su cátedra en MIT, Boston, pero su prominencia mundial lo lleva cada vez más a recorrer el mundo. Sus muy tempranas críticas a la guerra de Vietnam lo instalaron como un analista político eficaz, y el desarrollo de la carnicería en Irak está confirmando las denuncias que hizo Chomsky desde el primer momento.

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