Archive for Octubre 2, 2006

Informe sobre racismo

Tomado de: Choike, un portal sobre la sociedad civil del Sur

En América Latina, la abolición de la esclavitud no trajo consigo la abolición de la condición de servidumbre de las comunidades negras. El racismo perduró en los proyectos de sociedad de las élites dominantes que remplazaron a los colonizadores.

Fueron rotas las cadenas pero se construyeron nuevas ataduras. Algunas de ellas han conrtibuido a hacer invisibles la discriminación racial y situación económica, social y cultural de las comunidades negras e indígenas, como la lógica del blanqueamiento o el llamado “mito de la igualdad racial”.

Con esta lógica se intentaba cerrar las heridas producidas por el choque de diferentes civilizaciones, pero en realidad situó la imagen del blanco europeo como referente civilizatorio, ivisibilizando a los africanos y sus descendientes, según analizan Emilio Ruchansky, Jean Arsène Yao, Lucía Dominga Molina o el Observatorio Afro brasileño, entre otros. Sueli Carneiro (directora de GELEDES, Instituto de la Mujer Negra de Sao Paulo)aporta elementos comunes a la región.

Una de las dificultades -entre varias- que trae consigo esta invisibilidad serían los obstáculos para obtener cifras de la población negra. Muchos países de América Latina no agregan variables sobre el origen africano en sus censos nacionales, sólo Colombia, Brasil, Bolivia, Ecuador y Costa Rica ofrecen en sus censos la opción de clasificarse como afrolatino, según informa el BID en “Las otras caras de América Latina”, texto que puede leerse más abajo. En el mismo informe se agrega que “No existe duda sobre la necesidad de producir información sobre la composición racial, étnica y cultural de las poblaciones de los diferentes países latinoamericanos y sobre sus condiciones socioeconómicas”.

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Disolución de la familia por Ignacio Sotelo

Fuente: El País de España

En una institución tan central como la familia queda patente la perennidad del orden social vigente. Las grandes modificaciones que trajo consigo la modernidad capitalista acabaron con el modelo tradicional de la gran familia, y hoy asistimos a la disolución veloz del nuevo tipo de familia nuclear que le había sucedido. Con el primer despliegue de la sociedad industrial se eclipsó la familia tradicional, vinculada desde sus orígenes a la sociedad rural. Con la agricultura nace la familia como entidad política, económica y social, y de la conjunción de varias familias, de creer a Aristóteles, la Ciudad-Estado, como una entidad política superior que absorbe la mayor parte de las funciones políticas y sociales que había ejercido la gran familia, reducida ahora a las tareas reproductora y económica. La familia tradicional se caracteriza justamente por el hecho de que en su interior se llevaron a cabo las labores económicas y sociales indispensables para cubrir las necesidades de sus miembros.

Determinante de la familia nuclear moderna ha sido que las actividades económicas se hayan trasladado a la sociedad, lo que permite al individuo sobrevivir al margen de la familia. Cesa como coacción social y adquiere una primera dimensión voluntaria. La familia moderna se funda en el matrimonio contraído por el libre consentimiento de los cónyuges (entra en escena el amor romántico), expresión de la libertad individual que introduce la sociedad burguesa. La libertad de que gozan sus miembros da a la familia una nueva dimensión espiritual, pero también la hace perecedera. Surge del consentimiento libre y dura mientras se mantenga, a más tardar, hasta que los hijos lleguen a la mayoría de edad y se establezcan por su cuenta, funden o no una nueva familia.

El rasgo fundamental que define a la familia nuclear es que la actividad económica se realiza fuera de la órbita familiar, por lo general a cargo del marido, mientras que la mujer se consagra a las labores domésticas y al cuidado de los hijos. En cuanto los hijos llegan a adultos se desprenden de la familia para trabajar por su cuenta, con lo que se elimina el carácter impositivo que tuvo en el pasado. El equilibrio de la familia nuclear, siempre inestable en libertad, proviene ahora de los distintos roles que desempeñan los cónyuges. El que sea el varón, el que con su trabajo fuera de casa aporte los bienes necesarios para el mantenimiento de la familia le otorga una cierta preeminencia que aprovecha para conservar algunos de los atributos que tuvo el patriarca. Cuando a finales del siglo XIX el salario alcanza a alimentar a una familia -en la primera etapa del capitalismo industrial apenas llegaba para una boca, obligados a trabajar mujeres y niños-, la familia nuclear se generaliza. Pues bien, este modelo es el que se disuelve a gran velocidad en la sociedad capitalista avanzada.

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La voz de los sobrevivientes de la Guerra del Pacífico. Por Alejandro Reyes Flores*

Fuente: El Comercio

La televisión chilena transmitió en estos días un reportaje-documental titulado Epopeya. La Guerra del Pacífico, con entrevistas a descendientes de quienes combatieron en dicho conflicto. A manera de respuesta, este artículo trata sobre los peruanos que combatieron y sobrevivieron a la guerra.

Las generaciones posteriores a la Guerra del Pacífico perdieron la oportunidad de rescatar los testimonios de algunos de los miles de peruanos combatientes y sobrevivientes a tan infausto acontecimiento. Hoy ya no es posible hacerlo. Sin embargo, no todo está perdido, pues en el archivo Histórico Militar del Perú existen algunas decenas de expedientes bajo el título de “sobrevivientes del 79″. Este archivo responde a personas que debían demostrar su participación en la guerra para obtener una pensión del Estado. Es una historia testimonial, realizada cuando la mayoría de ellos ya se encontraban en el ocaso de sus vidas.

Se trata de “microhistorias” de venerables ancianos “sobrevivientes del 79″ que vivieron hasta mediados del siglo XX, como don Luis Aguirre Benavides, “chorrillano”, fallecido en 1944 a los 90 años; don Fernando Acero Aguilar, “chalaco”, que muere en 1957 a los 94 años o don Antonio Adrianzén, natural de la Huaca, Piura, quien en 1954 a los 92 años aun trabajaba como profesor en el Alto, Talara, y declaraba haber combatido a órdenes del comandante Ricardo Ortiz de Zevallos y Vidaurre. La ancianidad y la necesidad de una pensión, se conjugan para que surja un testimonio rico en hechos inéditos sobre la Guerra del Pacífico, narrados por los mismos protagonistas.

Se lee: “Heroicos soldados que lucharon bravamente el 79 para defender nuestra Patria”, detallando los batallones donde sirvieron: “Unión Nº 87″, “Chupaca Nº 2″, “Tarapacá Nº 5″, “Callao”, “Junín”, “Glorioso batallón Ayacucho Nº 3″. Asimismo, aparece la oficialidad intermedia que estuvo en la primera línea de combate, como Maximiliano Frías, Salvador Lazón, Pío Alcalá, Aurelio Barbieri, Samuel Leyva, Augusto Bedoya, Antonio Aza, Amaro La Rosa, Eusebio Román, Enrique Luque entre muchos más.

“Relatar los sufrimientos sería interminable”

En uno de los expedientes el chorrillano y combatiente de San Juan y Miraflores, don Luis Aguirre Benavides, relata que a las seis de la mañana “rompimos el fuego sobre la escuadra chilena (…) el buque Angamos nos hacia fuego con sus cañones de largo alcance que llegaban al lugar denominado San Tadeo (…) continuamos con ese valor indomable de peruanos”. Sin embargo, la superioridad bélica chilena los obligó a retirarse y muchos, entre ellos Aguirre Benavides, fueron capturados. “Fui prisionero en la Isla San Lorenzo, donde relatar todos los sufrimientos que fuimos victimas, sería interminable”, dice el aludido. Por su parte, don José Balbín afirma que en Cerro de Pasco “se formó el segundo Ejército del Centro, compuesto por el batallón Junín y una columna de artillería”, a la cual él se enroló como voluntario.

Farmacéuticos, mecánicos.

Se encuentran entre los “sobrevivientes del 79″ profesionales como el farmacéutico don Adán Acevedo, que desde el inicio de la guerra, el 16 de mayo de 1879, se embarcó en el vapor Luxor rumbo a Iquique, a órdenes del general Cáceres. Estuvo en “todas las batallas que se dieron en el sur” hasta San Juan, preparando los botiquines y asistiendo a los heridos, hechos corroborados por Cáceres en estos términos: “supo cumplir sus sagrados deberes de ciudadano patriota con abnegación y espíritu de disciplina que lo honra y enaltece”.

De igual manera don Francisco Aguirre, chalaco de nacimiento, escribe que sirvió a la Patria “en calidad de mecánico preparando los elementos bélicos que se necesitaron durante la guerra, como son las espoletas de acero para la fabricación de las bombas que usaron contra el enemigo”. Dice que su maestro fue el italiano Gabriel Cartotti. También se encuentra el testimonio del “caldelero” don Fernando Acero Aguilar, quien después de la guerra, trabajó en la International Petroleum Company de Talara. Se da cuenta que falleció a los 94 años de edad en Lima.

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