Archive for Septiembre, 2006

La universidad (im)posible por Manuel Burga

Fuente: La República

Este título del libro de Jacques Marcovitch, La universidad (im)posible (Madrid, 2002), no es ambiguo sino que resume su recomendación central: la “universidad perfecta” es imposible, busquemos la universidad posible, la que verdaderamente necesitamos. Si el título llama la atención, un atractivo mayor es quien lo escribe: un ex rector de la Universidad de Sao Paulo, la famosa USP, quien lo hace con fe en el futuro y a pesar de ser un técnico, un administrador de empresas, se complace hablando de arte, cultura, historia, ciencia y por supuesto de moderna gestión institucional. No conozco ningún informe sobre su rectorado (1997-2001), pero sí sabemos del reconocimiento internacional que ahora tiene esta universidad.

¿Sabe Ud. que la universidad es una institución muy moderna en Brasil? La primera, la Federal de Río de Janeiro, fue fundada en 1920 y la USP, la que quisiera brevemente presentar, en 1934. Pero quizá en lo que Ud. no ha reparado es que a pesar de esta sorprendente juventud cinco brasileñas aparecen en el Ranking Mundial de las 500 Mejores Universidades del Mundo, donde también aparecen la UNAM de México, la UBA de Buenos Aires y la Universidad de Chile; las tres muy antiguas. Pero hay un detalle muy significativo: estas tres últimas figuran por sus puntajes en la columna de egresados de sus aulas con Premio Nobel. Las brasileñas, y en particular la USP, más bien por la producción de sus docentes en ciencias exactas, de la naturaleza, médicas y sociales. Por eso se vuelve más interesante este libro.

Entonces, nos interesa saber qué es lo que hace grande a la USP y para eso un buen camino podría ser la comparación con la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. El 2005, la USP tuvo 77.205 alumnos matriculados: 58,5 % en el pregrado y 41,5 % en el posgrado. Se graduaron 2.750 de magíster y 2.041 de doctor: ambas cifras representan un 19,6% del total de los 24.408 matriculados en el posgrado. En San Marcos la matrícula fue de 32.466 estudiantes: 90% en el pregrado y 10 % en el posgrado, proporciones incomparablemente diferentes que hacen de San Marcos una universidad contrariamente adolescente frente a la “madura” USP. La USP tiene 5.078 docentes: el 95,3% con grado de doctor. En San Marcos tenemos 3.157 docentes: el 17,3% con grado de doctor. Pero lo que más debe sorprender es que la USP tenga 15.008 trabajadores administrativos, mientras que San Marcos escasamente 3.425: 1,1 trabajadores por docente en San Marcos y 2,7 en la USP. Donde no hay sorpresa es en la inversión anual por estudiante: US$ 5.000 en la USP y menos de US$ 2.000 en San Marcos.

Por otro lado, ambas son públicas, con presupuestos del Estado y con gobiernos colegiados, pero con participación estudiantil muy desigual en los órganos de gobierno: 15% en la USP y 33,3% en San Marcos. Ambas son muy codiciadas por los estudiantes de secundaria: 120.000 postulan anualmente a la USP e ingresan 7.000. A San Marcos, entre el 2001 y el 2005, postulaban 50.000 en promedio e ingresaban 5.250. Un 65% de los que ingresan a San Marcos provienen de colegios públicos, a diferencia de la USP donde un 80% proviene de colegios privados de la clase media paulista. Ambas –como gratuitas– descienden del modelo napoleónico, el que surgió después de la Revolución Francesa con la finalidad de democratizar a la tradicional sociedad aristocrática. Este modelo que impulsó la movilidad social en la vieja Europa, ha tenido resultados paradójicos en América Latina. En Brasil, la clase media se ha apropiado de las excelentes universidades públicas a las cuales se ingresa a través de un exigente examen de admisión y han dejado las privadas a los sectores populares. En nuestro país ocurre exactamente lo contrario: las públicas son para los sectores populares y las clases medias se refugian en las universidades privadas, con lo que nuestra educación superior pública –a diferencia de su intención original– juega un papel retrógrado: es un mecanismo de desintegración social, que promueve más bien la agitación política y la sociedad estamental.

Por lo tanto, con el realismo del caso, debemos buscar una universidad de calidad, donde se investigue, con un posgrado más grande, con más doctores, con más administrativos calificados, pero asimismo debemos promover la reforma gradual, la inversión estatal y la gestión responsable y eficiente. En nuestro caso, quizá más que en Brasil, hay los que piensan que la universidad pública no tiene salida, que hay que dejar la cancha libre a la universidad privada, sin embargo este libro –escrito desde una excelente universidad pública– nos deja la sana sensación que debemos persistir en la búsqueda de un modelo que promueva la cohesión social, una universidad emprendedora y generosa, como dice Marcovitch: “La universidad es emprendedora cuando utiliza sus recursos con racionalidad y sabe anticiparse al futuro. Anticiparse al futuro significa cultivar el sentido de responsabilidad y de innovación”.

Comentarios

Savater ante el camino de la libertad por Pedro Escribano

Fuente: La República

En su última visita a Lima, en noviembre del 2005, invitado por la Universidad de Ciencias Aplicadas, UPC, el filósofo español Fernando Savater ventiló en una conferencia de dos sesiones los dilemas de lo que es la libertad del individuo, sobre todo en el sentido de la libertad de elegir. La conferencia se tituló Antropología de la libertad y esta acaba de ser publicada en forma de libro por la referida casa de estudios.

Una de las grandes virtudes de Savater es que suele descolgar a los pies del lector común y silvestre los altos y complejos problemas filosóficos. Y eso es lo que hace con este tema, que es más cotidiano que el pan nuestro de cada día, porque en cada momento estamos ante la situación de decidir.

Por eso, el filósofo no habla de la libertad en tanto libertad social, institucional, política, sino de la libertad personal e intransferible.

“No una libertad que podamos tener o no tener en cuanto a hombres, sino una libertad que obligadamente tenemos y por la cual nos definimos como humanos”, dice.

Savater, quien señala que los seres humanos somos especialistas en la autopromoción y en la publicidad de que somos una especie superior, especula que el verdadero secreto del hombre es que quizás “somos los menos evolucionados de los animales nómadas”. Cita una serie de ejemplos en los que quedamos entre las patas de los animales. La salvedad es que el hombre nunca deja de transformarse, de innovarse, “justamente porque no está determinado a nada”, como sí los animales. Savater arguye que mientras los animales tienen y están determinados a su medio ambiente, los hombres tienen un mundo donde se incluye medio ambiente y todo los demás. Es en ese mundo socialmente organizado donde el hombre tiene que decidir: “Somos libres dentro de unas condiciones que no hemos elegido, dentro de unas circunstancias que se nos imponen. Somos libres, en medio de la tormenta, en medio de esa tormenta que nos zarandea, tenemos una cierta libertad. De eso se trata cuando se habla de antropología de la libertad …”.

La libertad en la mano

En ese mundo de zarandeos, Savater señala tres requisitos que favorecen un buen ejercicio de la libertad. Según el filósofo, el primer requisito de la libertad es el conocimiento. No se puede elegir algo que no conocemos. En este campo la educación resulta imprescindible.

El segundo elemento vital en una elección es la capacidad de manejar alternativas de acción. Aduce que hay que tener la capacidad de representarnos mentalmente en alternativas distintas. O sea, el poder de la imaginación.

Y el tercer elemento para Savater es la decisión propiamente dicha. Comenta que por más que conozcamos el mundo, que nos lo imaginemos, es la voluntad quien tiene que decidir. Es el momento del gran dilema. Uno decide ante lo desconocido y nunca sabe si es para bien o para mal. El filósofo recuerda un hecho real, cuando un hombre ante la posibilidad de salvar a uno de dos niños, optó por uno. Veintún años más tarde, ese niño creció y fue miembro del ETA y asesinó al hombre que lo había salvado. Una muestra de cómo uno actúa en lo desconocido y el drama que también encierra la libertad de elegir.

Comentarios (2)

Un favor papal por Hermann Tertsch

Fuente: El País

Previsibles y poco conmovedoras son las reacciones de angustia y estupor de intelectuales, políticos y observadores occidentales ante la furia del mundo islámico por un comentario y una cita que el papa Benedicto XVI hizo en referencia a la incuestionablemente arraigada vocación del islam de imponerse por la fuerza. Nadie rebate al Papa, pero todos lo consideran culpable del conflicto. En el mundo islámico tampoco hay mayor sorpresa. El habitual celo de los moderados por dar la razón a los radicales se ve bien combinado con los insultos y maldiciones al Papa y a Occidente por favorecer, supuestamente a los radicales. Ni una voz surge con el coraje de decirles a los suyos que su indignación es gratuita, inducida o hipócrita. De la escuela coránica más fanática en Karachi a las mansiones de los funcionarios de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI) con los niños en internados en Suiza, todos dicen saber que la culpa de que el islamismo genere sociedades fracasadas, jamás libres, y sea incapaz de afrontar la modernidad, la tienen los demás, “los cruzados”, ahora el Papa.

En su discurso de Ratisbona, el pontífice se refería al rechazo que cualquier adoración a Dios ha de tener a los intentos de sus fieles de forzar su expansión por la violencia. Incluida la fe cristiana, que durante tanto tiempo lo hizo. Había mucho de autocrítica de la Iglesia de Roma cuando así se expresaba el Papa en su patria bávara, bastión de la contrarreforma. Pero estas consideraciones carecen de sentido. Primero porque los ofendidos no conciben la autocrítica. Y sobre todo porque no estamos ante una reacción de genuina ofensa o buena fe traicionada sino ante una nueva operación de la vanguardia radical del islamismo para reafirmar el secuestro de la comunidad religiosa islámica mundial y elevar un grado más la amenaza a las sociedades libres. Pagamos hoy también la muy indigna reacción de la mayor parte del mundo occidental en la crisis de las viñetas de Mahoma, cuando quedaron en evidencia las fisuras y dudas sobre nuestros principios en Occidente. El ejército de caricaturistas, intelectuales y políticos que se prodigan en guasear sobre un Cristo o el Papa se abstuvieron de solidarizarse con los daneses y de paso los tacharon de ultraderechistas. Las comunidades islámicas en Europa saben ya cómo callar bocas.

En todo caso sería ahora conveniente que nos diéramos cuenta de que la reacción habida demuestra brutalmente la profunda verdad que ha expresado el Papa. Y desvela la falacia de la teoría de que un cambio nuestro de conducta puede llevar al islam a adecuarse y a renunciar a un Dios total en la vida diaria y política de los individuos y los pueblos. Ese viejo dilema entre lo de Dios y lo del César. Desde la buena o la mala fe, el islam ha de saber que nuestro César es el Estado de derecho y las libertades, la de expresión la primera, no negociable con Dios alguno.

El islam que se dice moderado debería movilizarse para hacer frente a quienes se atribuyen el monopolio de su fe. Y no podemos ayudarle. Sería muy útil que se revolviera contra la manipulación, sacara a la gente a la calle cada vez que desde televisiones como Al Yazira o Al Manar se utiliza a Alá para llamar al crimen, a mutilar a mujeres, celebrar asesinatos, demandar la reconquista de Andalucía, Sicilia o los Balcanes o aplaudir al presidente iraní cuando promete exterminar a los judíos. En caso contrario, esos ejercicios de moderación de reyes, ulemas, generales o intelectuales se antojan un cálculo cínico o indiferente que compra seguridad al fanático a cambio de manos libres para atacar a Occidente. Los sabios templados del mundo islámico son hoy tan irrelevantes como la leyenda del idílico Al Andalus, ese producto ideológico turístico sevillano. Es el islam el que debe dejar de amenazar, quemar y matar por el hecho de que alguien hable, escriba o dibuje. Muchos creen que el intelectual Benedicto XVI no era consciente de los efectos posibles de su discurso. Puede que sí y pensara que reprimir verdades urgentes sólo favorece a quienes se mecen en la mentira o el miedo. Lamentar los dolores que la verdad produce no significa pedir perdón por expresarla. Ratisbona se perfila ya como el primer gran favor que Benedicto XVI nos hace desde su pontificado a todos, al islam y a Occidente.

Comentarios (1)

Novedades en la Vitrina Editorial de Cholonautas

La Vitrina Editorial de Cholonautas se ha actualizado con dos nuevas publicaciones.

La primera, FORMALIZACIÓN DE LA PROPIEDAD Y MEJORAMIENTO DE BARRIOS: BIEN LEGAL, BIEN MARGINAL de Daniel Ramírez Corzo y Gustavo Riofrío, trata sobre la formalización de la propiedad “a la peruana”. Ilustra esta lectura crítica a partir del estudio de la situación de los nuevos barrios populares de tres distritos de Lima Sur y del análisis de casos concretos: barrios originados en los años noventa que, habiendo sido sujetos del proceso de formalización, no han superado en lo más mínimo su condición de exclusión urbana.

Además tenemos La soga de los muertos. El conocer desconocido de la ayahuasca de Christian Bendayán (editor). Esta publicación es el registro de la exposición múltiple Amazonía al descubierto. Dueños, costumbres y visiones realizada por el MACCSM entre octubre y diciembre de 2005 bajo las miradas curatoriales tanto de artistas como de investigadores.

Entrar a la vitrina editorial

Si quiere publicar una reseña de algún libro reciente, puede escribir a cholonautas@iep.org.pe, o dejar un comentario en este post.

Comentarios

Los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres por Elfriede Harth (*)

Fuente: Redes Cristianas

Es un gran honor para mí poder tomar aquí y hoy la palabra, en remplazo de mi colega Maria José Rosado Nunez de São Paolo, directora de Católicas por el Derecho a Decidir del Brasil. Me invitaron a que aportara mi grano de arena a la reflexión que como cristianas y cristianos estamos llevando a cabo aquí en este Congreso sobre la bioética con un enfoque desde la perspectiva de los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres.

Quizá sea bueno empezar por intentar examinar qué es lo que entendemos por “Derechos reproductivos y sexuales”. Me gusta mucho una definición que dieron unas mujeres campesinas mexicanas en uno de los muchos talleres de capacitación que realizan Católicas por el Derecho a Decidir allá en México y en los demás países latinoamericanos en donde trabajamos. Más o menos fueron formulandolo de la manera siguiente: es el derecho de las personas a sentirse agradecidas por el cuerpo que Dios les dió, un cuerpo dotado por una parte de la capacidad del placer y por otro de la capacidad de producir seres humanos nuevos. Es el derecho a explorar y a vivir plena y positivamente esas dos capacidades, y a vivir y a gozar plenamente cada una por separado. Es el derecho a construirse como persona moralmente autónoma, adulta y responsable a través del ejercicio de esas capacidades y para poder ejercerlas plenamente. Es el derecho a la integridad física y sicológica. Es el derecho a saber y a postular que el principio fundamental de cada relación íntima de pareja es la justicia, la responsabilidad por el propio cuerpo y bienestar así como al mismo tiempo por el cuerpo y el bienestar de la pareja. Es el derecho a determinar el número de hijos que se quiere tener así como el momento en que se quieren tener. Es el respeto por ese don tan precioso que Dios nos dio, nuestro cuerpo. Respeto que nuestra tradición católica proclama y ritualiza por ejemplo en el sacramento de la unción de los enfermos y en los ritos de la sepultura de los muertos.

Cuáles son las condiciones para vivir esos derechos? - El matrimonio a vida es sin duda alguna una institución muy importante en el contexto del ejercicio de la sexualidad humana, antetodo cuando una persona o una pareja optan por la procreación, si se trata de una relación estable que proporcione seguridad y continuidad en la tarea de la crianza de los hijos. Pero sabemos todas y todos que no es la forma jurídica de una relación, ni su caracter heterosexual o monosexual lo que garantiza su calidad. Y por lo tanto la forma jurídica de una relación no es el principio fundamental para vivir lo que llamamos “derechos sexuales y reproductivos”, sino la justicia que reine dentro de la relación de pareja. Para poder gozar sus derechos sexuales y reproductivos, las personas tienen que respetarse primero que todo, tienen que respetarse ellas mismas y luego respetar a la pareja.

Read the rest of this entry »

Comentarios (2)

El tigre acorralado por Immanuel Wallerstein

Cuando, hace muchos años,  algunos de nosotros dijimos que la decadencia de la hegemonía estadunidense en el sistema-mundo era inevitable, imparable y estaba ya ocurriendo, la mayoría de la gente nos dijo que ignorábamos la obvia y avasalladora fuerza militar y política de Estados Unidos. Hubo críticos que dijeron que nuestros análisis hacían daño porque servían como un vaticinio que acarrea su propio cumplimiento.

Luego, en la presidencia de Bush, subieron al poder los neoconservadores e instrumentaron su política unilateral de militarismo macho, diseñada (decían ellos) para restaurar la indisputable hegemonía estadunidense, amedrentando a sus enemigos e intimidando a sus amigos para que obedecieran, sin cuestionar, las políticas de Estados Unidos en el ámbito mundial.

Los neoconservadores tuvieron su oportunidad y sus guerras han fracasado espectacularmente: no han logrado atemorizar a quienes son considerados enemigos ni intimidar a sus antiguos aliados a que obedezcan sin chistar. La posición estadunidense en el sistema-mundo es hoy mucho más débil de lo que era en 2000, y esto es resultado, precisamente, de las muy erradas políticas neoconservadoras adoptadas durante la presidencia de Bush. Hoy, mucha gente está dispuesta a hablar abiertamente de la decadencia estadunidense.

Así que, ¿ahora qué pasa? Hay dos sitios a los cuales debemos mirar: al interior de Estados Unidos, y el resto del mundo. En el resto del mundo, los gobiernos de todas las tendencias le prestan cada vez menos atención a cualquier cosa que Estados Unidos diga o quiera. Cuando era secretaria de Estado Madeleine Albright dijo que Estados Unidos era “la nación indispensable”. Esto pudo haber sido cierto alguna vez, pero ciertamente no es verdad ahora. Hoy, el tigre está acorralado.

Read the rest of this entry »

Comentarios (3)

Barbarie, religión y progreso por Juan Luis Cebrián

Fuente: El País

Tanto el Oxford Dictionary como el DRAE coinciden en que civilizar es sacar a algo o alguien de un estado bárbaro o salvaje, instruyéndole en las artes de la vida -añade el libro inglés- de modo que pueda progresar en la escala humana. O sea que, aunque una civilización sea el conjunto de creencias y valores que conforman una comunidad, a la civilización en sí podemos definirla como el progreso a secas. Las civilizaciones, en cambio, constituyen un concepto más ambiguo e impuro: hacen referencia no sólo a los valores culturales, éticos o de cualquier otro tipo que sustentan la sociedad, sino también a sistemas o mecanismos de organización de la misma. Tienen, por eso, que ver con la cultura y la educación, pero también, y en gran medida, con el poder.

En la historia de las culturas desempeña, a no dudar, un papel relevante la de las religiones, y de ahí se deriva el frecuente abuso intelectual que tiende a confundir éstas con las civilizaciones propiamente dichas. Sería absurdo negar que la religión, y su práctica, han tenido enorme influencia en el devenir de los humanos. Pero, a estas alturas, resulta un dislate hablar de civilización cristiana (últimamente convertida incluso en judeo-cristiana, contra toda evidencia) o de civilización musulmana, tanto como hablar de la civilización occidental, a secas. No obstante, estos son términos de uso común en los que hemos sido aleccionados desde la escuela y cuya utilización en el debate comienza a ser casi imprescindible. ¿Qué tiene que ver el pentecostalismo americano o el fundamentalismo de sus telepredicadores con la iglesia de Roma, por mucho que todos reclamen el cristianismo como patrimonio propio? ¿Definiríamos a Indonesia como una muestra ejemplar de la civilización musulmana, por el solo hecho de ser un país cuya inmensa población practica en gran medida dicha creencia? La deriva a confundir o identificar las civilizaciones con las religiones -especialmente con las del libro- permite ignorar el pluralismo que anida en cada una de ellas y del que, sin ir más lejos, constituye una trágica demostración el enfrentamiento en Irak entre suníes y chiíes.

Read the rest of this entry »

Comentarios (3)

Nuestro cercano (lejano) oriente - El mundo de los asháninka. Por Jorge Paredes

Fuente: El Comercio

Casi cuarenta años después de su primera edición, el Fondo Editorial del Congreso reedita La sal de los cerros del historiador y antropólogo peruano Stefano Varese, un libro capital de los estudios sociales peruanos, que marcó un hito en las investigaciones sobre nuestra amazonía y sus poblaciones originarias.

La historia tradicional peruana suele ser una historia incompleta: atrapada con frecuencia entre los Andes y la costa, ha dejado fuera de su radio de acción a esa selva inexpugnable, cuyas poblaciones, para muchos, todavía están inmersas en un espacio anacrónico, lejos de la modernidad, del progreso y del mercado, por lo que historiar sobre ellas resulta poco menos que exótico. En 1968, cuando apareció la primera edición de La sal de los cerros, esta premisa todavía era más pesimista, y se dudaba incluso de si estas etnias estaban conformadas realmente por personas con derechos y deberes.

En este escenario, marcado además por la irrupción de las guerrillas marxistas, este libro escrito por un hijo de inmigrantes italianos, ferviente seguidor de Gramsci, descubrió al mundo académico nuestro cercano y lejano oriente, la tierra que circunda los márgenes de los ríos Apurímac, Ene, Perené, Tambo y Alto Ucayali, así como el Gran Pajonal y la orilla derecha del río Pachitea. El territorio de los asháninka, entonces conocidos como campa.

Las dos casas

¿Quiénes eran estos extraños hombres y mujeres que cada cierto tiempo cumplían una especie de peregrinación al cerro de la sal, ubicado en el Gran Pajonal, de donde tomaban un insumo para ellos sagrado? El trabajo de Varese fue una revelación. Los campa-asháninka reproducían un sistema de vida que los hacía resistir desde por lo menos cuatro siglos la invasión occidental, multiplicándose por la selva en un territorio de más de 100.000 km2.

Los capítulos más interesantes de La sal de los cerros son precisamente los referidos a la vida familiar campa-asháninka y a los efectos que tuvo en esta población la rebelión de Juan Santos Atahualpa en el siglo XVIII.

Los asháninka se dedican al cultivo de yuca y en menor medida a la caza y la pesca. Las tierras del Gran Pajonal no son aptas para una agricultura sostenida, por lo que cada cierto tiempo, ellos deben cambiar de lugar de residencia, levantando una nueva chacra en el espesor de la selva. Muchas de estas tierras con el tiempo fueron dadas a colonos, en la creencia de que estaban “abandonadas”. Cada familia tiene dos casas: la intómoe y la kaápa. La primera es la de los hombres solteros y de los huéspedes, mientras que la segunda es la casa femenina, donde vive la familia nuclear, donde se cocina y se duerme. El hijo varón vive en esta casa hasta la pubertad y luego pasa a la kaápa, desde donde saldrá a cazar, a realizar actividades comerciales y sobre todo a buscar compañera. Este cambio a veces es traumático. Varese cuenta que un muchacho le narró que lloró durante muchas noches, solo, rodeado por la oscuridad de la selva. El matrimonio asháninka pasa por un periodo de prueba, donde el varón “presta servicios” en la casa de los padres de la futura esposa. Solo si la unión se consolida, le será permitido formar su propia kaápa. Por eso, para una familia asháninka es importante engendrar hijas mujeres, que traerán yernos a la casa; en cambio los hijos varones son siempre móviles.

El dilema de la inclusión

Por siglos, los cronistas creyeron que los asháninka no tenían religión porque, a diferencia de otros pueblos, no exhibían grandes ritos paganos. Varese descubre en ellos un “sentimiento mesiánico” que desde los tiempos iniciales los impulsó al intercambio de bienes con sus pares y otros pueblos en la creencia de que este flujo satisfacía a un dios que algún día vendría al mundo a restablecer el orden, alterado por la presencia de los viracochas (blancos) y chori (mestizos).

Obviamente que La sal de los cerros no vislumbró que dos décadas después los asháninka serían protagonistas de un terrible fuego cruzado en el corazón de la selva central (se estima que por lo menos unos cinco mil de ellos fueron asesinados por las huestes senderistas). Sin embargo, sí intuyó que para estas poblaciones amazónicas cada vez el cerco se angostaba más.

Al final, se incluyen dos apéndices y cuatro ensayos que colocan el estudio de Varese (catedrático y director de estudios indígenas en la Universidad de California) en el debate actual: ¿Es necesario incluir estas poblaciones en el proyecto de la modernidad o es mejor reconocerlas y respetarlas como tales? ¿Una cosa excluye a la otra? ¿Ha funcionado la integración de estas etnias o solo las ha destruido y proletarizado? El debate de fondo de La sal de los cerros sigue abierto.

Comentarios (1)

“La mentira de la invasión silenciosa” - ELIZABETH JELIN, SERGIO CAGGIANO Y ALEJANDRO GRIMSON: MITOS SOBRE LOS INMIGRANTES DE PAISES LIMITROFES

Fuente: Página/12

Bolivianos, paraguayos, peruanos, chilenos y uruguayos han sido chivos expiatorios muchas veces de un discurso político que prefiere no asumir su propia responsabilidad. Los inmigrantes de países limítrofes han sido culpabilizados de la desocupación o el mal funcionamiento de los hospitales, entre otros mitos.
Por Mariana Carbajal

–¿Hubo un aluvión migratorio de países limítrofes en la década del ’90?

Elizabeth Jelin: –La investigación histórica muestra que la proporción de población argentina originaria de países limítrofes ha sido constante por casi 150 años. Desde que se tienen datos –la primera mención es en el censo de 1869– hasta el último censo, entre 2 y 3 por ciento de la población del país es nacida en Paraguay, Bolivia, Uruguay, Chile, y Perú. De modo que en términos de peso en la población de Argentina no ha habido grandes variaciones. En general, cuando el tipo de cambio está alto la gente viene, y cuando baja, se va; cuando hay más crecimiento económico, viene, cuando hay más recesión, se va. Pero estas circunstancias, además, están cruzadas por exilios políticos y por otro fenómeno que ocurren en las migraciones, una especie de inercia por la cual cuando viene un miembro de la familia, empiezan a venir otros, independientemente de que el contexto económico mejore o empeore.

–¿Qué cantidad de inmigrantes de países limítrofes y de Perú llegaron en los noventa?

Sergio Caggiano: –No hay números absolutos. En la medida en que se presupone que hay una cantidad importante de indocumentados, es muy difícil tener una cifra real. De acuerdo con los distintos informantes, las cifras varían entre 2 millones y 700 mil inmigrantes.

–¿A qué nacionalidad corresponde el flujo mayor de inmigrantes?

E.J.: –La comunidad de residentes de países cercanos más importante es la de paraguayos. Pero en los últimos años hubo un crecimiento del número de bolivianos en relación con los paraguayos y tuvo un peso más significativo la inmigración de peruanos, que no tenía tradición histórica.

–¿Qué factores influyeron para que tuviera mayor visibilización la inmigración de los países limítrofes y del Perú en los ’90?

S.C.: –Hubo una concentración de la población proveniente de países limítrofes en la Capital Federal y áreas metropolitanas de Buenos Aires. Pero a ese fenómeno se sumó el papel que jugaron actores políticos, sociales y grandes medios de comunicación en la estigmatización y visibilización de esos inmigrantes, sobre todo asociándolos a problemas sociales como la desocupación, la crisis en el sistema de salud y al crecimiento de la inseguridad. Carlos Corach, que era el ministro del Interior, declaraba que había una “extranjerización de la delincuencia”. Uno podía comprobar que en las cárceles había un porcentaje mayor de personas de países limítrofes, pero eso no quería decir que fueran más delincuentes sino que eran más detenidos por la policía. Entre la detención y la comprobación del delito se iban depurando los porcentajes.

–Recuerdo unos carteles de un sindicato acusando a los inmigrantes de la desocupación…

E.J.: –La Uocra pegó carteles en todo el país diciendo que los migrantes eran los que nos quitaban el trabajo.
Read the rest of this entry »

Comentarios

11 de setiembre por Nelson Manrique

Fuente: Perú.21

El 11 de setiembre evoca los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono el 2001, pero también el golpe militar de Augusto Pinochet, en 1973.

En Chile el golpe de Pinochet cortó el intento de la Unidad Popular, un gobierno democráticamente elegido, de construir el socialismo, pacíficamente y en democracia.

Salvador Allende conducía un experimento político inédito que tuvo que soportar una enorme presión económica, política y militar, interna y externa. Mientras que la economía chilena iba siendo gradualmente estrangulada por Estados Unidos, diversos agentes conspiraban buscando crear las condiciones para derribar al gobierno. A pesar de todo, este iba implementando reformas que buscaban construir un orden social más justo y equitativo, en medio del sabotaje abierto de los gremios empresariales (sobre todo el de los transportistas) directamente apoyados y financiados por la CIA. La Unidad Popular seguía captando más y más apoyo popular en cada nueva elección. Entonces una coalición encabezada por la embajada americana, con el decisivo apoyo de la Democracia Cristiana, decidió recurrir al golpe, que terminó con la democracia, la vida de Allende y la de miles de chilenos.

Los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono fueron una consecuencia directa de la política norteamericana en el Medio Oriente. El detonante de la guerra de Bin Laden contra Estados Unidos fue la intervención norteamericana en Arabia Saudita, la patria de Bin Laden, y la instalación de sus bases militares en los lugares santos del Islam. Pero Estados Unidos tuvo responsabilidad en lo sucedido desde antes, desde la creación de Osama Bin Laden y Al Qaeda, a quienes apoyó económica y militarmente, como sus aliados en su lucha contra la invasión soviética en Afganistán. Una vez que logró sus objetivos, Estados Unidos abandonó a Afganistán a su suerte: resultaron ganadores los talibanes, que hundieron al país en la noche de la barbarie.

Las acciones desarrolladas por Estados Unidos después, como respuesta a los salvajes atentados del 11 de setiembre de 2001, tienen más de cumplimiento de una agenda imperial que de una real intención de hacer del mundo un lugar más seguro. A pesar de todo lo que dice la propaganda, Osama Bin Laden sigue libre y Al Qaeda continúa jaqueando a los norteamericanos y sus aliados, que solo pueden esperar el próximo atentado. La invasión de Irak, que usó como pretextos el apoyo de Saddam Hussein a Al Qaeda y la existencia de armas de destrucción masiva, ambas razones demostradamente falsas, los ha empantanado en una guerra que no pueden vencer y que contribuye a ganarles más odios. La nueva vuelta de tuerca es el apoyo norteamericano a la brutal invasión israelí en el Líbano. El imperialismo sigue vivo, el petróleo sigue siendo la gran razón de Estado y todos seguimos de rehenes de un orden mundial cada vez más injusto y peligroso.

Comentarios (1)

Pages (4): « 1 [2] 3 4 »