Un tratado sobre monstruos en la Lima virreinal por Héctor López Martínez
Fuente: El Comercio
Los gemelos unidos, a los que se les llama “siameses”, han sido tipificados como monstruosidades por la medicina y hay noticia de ellos desde hace miles de años, en las más diversas culturas y continentes.
Su formación en la medicina actual se explica por la división incompleta de un cigoto (óvulo fecundado) destinado a duplicarse para formar gemelos. En los gemelos normales el embrión se divide en dos bloques poco después de una semana. No ocurre lo mismo en el caso de los llamados “siameses”, donde hay anomalías en la división y el resultado es dos fetos unidos por cualquier parte, compartiendo, como ya se dijo, órganos vitales en la mayoría de los casos.
Los llamados monstruos
En las culturas de la Antigüedad, los gemelos unidos o cualquier ser humano que nacía con malformaciones causaban admiración o temor. Para los babilonios eran presagio de grandes males. En Roma ocurrió lo mismo. El Renacimiento, a fines del siglo XV y a lo largo del XVI, en su búsqueda de la sabiduría de la Antigüedad greco-romana, volvió a incidir en la teoría de los “monstruos” como signos de mal agüero o señales de la cólera divina. La invención de la imprenta y su rápida difusión en Europa y, posteriormente, en América, hizo posible que se publicaran diversos libros sobre este tema que se prestaba a las más bizantinas polémicas médicas, filosóficas y religiosas.
Los gemelos unidos más famosos en el mundo fueron Chang y Eng, nacidos en Siam (hoy Tailandia) en 1811. La mayor parte de su vida la pasaron en giras por Estados Unidos de América y muchos otros países, como una de las atracciones principales de Phineas Taylor Barnum, el empresario de espectáculos más importante del siglo XIX. Chang y Eng vivieron hasta los 63 años de edad. Estaban unidos por la parte anterior del tórax y tenían un hígado común. Se casaron con dos hermanas y tuvieron 10 y 12 hijos normales, respectivamente. Fallecieron en 1874. Desde entonces el término “siameses” ha servido para designar tipos de gemelos semejantes.
Los temores del conde la Monclova
El 30 de noviembre de 1694, el virrey del Perú don Melchor Fernández Portocarrero Lasso de la Vega, conde de la Monclova (1636 - 1705), llamó precipitadamente al médico zaragozano Joseph de Rivilla Bonet y Pueyo, uno de los galenos más notables que ejercía en Lima, y le ordenó que sin pérdida de tiempo practicara la autopsia a un monstruo que acababa de nacer muerto. Rivilla, de inmediato, se dirigió a casa del licenciado Juan Calderón Loaysa, donde habían sido trasladados los gemelos unidos por el abdomen, pero con cabezas, brazos y parte superior del tronco separados entre sí. Testigo de la autopsia fue el doctor Francisco Bermejo y Roldán, nacido en Lima en 1637, por entonces Protomédico y de tantos saberes y fama que ocupó el honroso cargo de Rector de la Universidad de San Marcos.
Los neonatos eran hijos de Salvador de Olmedo y de Teresa Girón, madre primeriza de 19 años de edad. La autopsia fue prolija, describiéndose la anatomía del “monstruo”. Rivilla Bonet y Pueyo, tomando como base este caso, publicó en Lima, en 1695, un libro, dedicado al virrey conde la Monclova, cuyo título -abreviado- era Desvíos de la naturaleza o tratado del origen de los monstruos. El doctor Bermejo y Roldán había dado su aprobación para publicarlo y, según Juan B. Lastres, este trabajo señala para el Perú la primera observación científica sobre el nacimiento de monstruos de dos cabezas.
Rivilla Bonet, cortesano al fin, llegó a la conclusión que el monstruo no era un augurio fatal sino, por lo contrario, señal de excelente gobierno virreinal, ya que los gemelos habían nacido abrazados y el abrazo es símbolo de unión, paz y amor. Dijo también que el nacimiento de los gemelos no anunciaba un terremoto, como el ocurrido en Lima en 1687, y que era más bien señal que mejorarían las relaciones entre las autoridades civiles y eclesiásticas del virreinato, que habían estado enfrentadas.
La autoría de dicho libro desató más tarde una polémica entre los historiadores de la medicina. El doctor Hermilio Valdizán afirmaba que el tratado había sido escrito por el polígrafo Pedro Peralta y Barnuevo “al amparo del nombre y del apellido del cirujano Rivilla”. Lastres, a su vez, opinó que el autor fue Rivilla. Lo cierto es que el volumen plantea multitud de cuestiones en torno a los monstruos, incluso la muy importante en esa época si tenían o no alma, y cuándo y cómo podrían recibir el bautismo. Hoy ese libro resulta pintoresco, pero en su época fue recibido con encomio, curiosidad y también con algo de supersticioso temor.


eduardo centeno said,
Febrero 16, 2008 @ 11:29
Interesante y erudito artículo de la medicina de la época virreynal.
Desearía contactar al autor del mismo, para lo cual solicito me indique su dirección por este mismo medio. Gracias.