Savater ante el camino de la libertad por Pedro Escribano
Fuente: La República
En su última visita a Lima, en noviembre del 2005, invitado por la Universidad de Ciencias Aplicadas, UPC, el filósofo español Fernando Savater ventiló en una conferencia de dos sesiones los dilemas de lo que es la libertad del individuo, sobre todo en el sentido de la libertad de elegir. La conferencia se tituló Antropología de la libertad y esta acaba de ser publicada en forma de libro por la referida casa de estudios.
Una de las grandes virtudes de Savater es que suele descolgar a los pies del lector común y silvestre los altos y complejos problemas filosóficos. Y eso es lo que hace con este tema, que es más cotidiano que el pan nuestro de cada día, porque en cada momento estamos ante la situación de decidir.
Por eso, el filósofo no habla de la libertad en tanto libertad social, institucional, política, sino de la libertad personal e intransferible.
“No una libertad que podamos tener o no tener en cuanto a hombres, sino una libertad que obligadamente tenemos y por la cual nos definimos como humanos”, dice.
Savater, quien señala que los seres humanos somos especialistas en la autopromoción y en la publicidad de que somos una especie superior, especula que el verdadero secreto del hombre es que quizás “somos los menos evolucionados de los animales nómadas”. Cita una serie de ejemplos en los que quedamos entre las patas de los animales. La salvedad es que el hombre nunca deja de transformarse, de innovarse, “justamente porque no está determinado a nada”, como sí los animales. Savater arguye que mientras los animales tienen y están determinados a su medio ambiente, los hombres tienen un mundo donde se incluye medio ambiente y todo los demás. Es en ese mundo socialmente organizado donde el hombre tiene que decidir: “Somos libres dentro de unas condiciones que no hemos elegido, dentro de unas circunstancias que se nos imponen. Somos libres, en medio de la tormenta, en medio de esa tormenta que nos zarandea, tenemos una cierta libertad. De eso se trata cuando se habla de antropología de la libertad …”.
La libertad en la mano
En ese mundo de zarandeos, Savater señala tres requisitos que favorecen un buen ejercicio de la libertad. Según el filósofo, el primer requisito de la libertad es el conocimiento. No se puede elegir algo que no conocemos. En este campo la educación resulta imprescindible.
El segundo elemento vital en una elección es la capacidad de manejar alternativas de acción. Aduce que hay que tener la capacidad de representarnos mentalmente en alternativas distintas. O sea, el poder de la imaginación.
Y el tercer elemento para Savater es la decisión propiamente dicha. Comenta que por más que conozcamos el mundo, que nos lo imaginemos, es la voluntad quien tiene que decidir. Es el momento del gran dilema. Uno decide ante lo desconocido y nunca sabe si es para bien o para mal. El filósofo recuerda un hecho real, cuando un hombre ante la posibilidad de salvar a uno de dos niños, optó por uno. Veintún años más tarde, ese niño creció y fue miembro del ETA y asesinó al hombre que lo había salvado. Una muestra de cómo uno actúa en lo desconocido y el drama que también encierra la libertad de elegir.


Antonio said,
Septiembre 24, 2006 @ 8:55
Hola:
Se hace necesario definir un espacio en el cual se puede actuar con independencia y libertad y en el cual se pueda dar un desarrollo humano.
Vivir significa estar limitado, los límites forman parte de la vida, que están ahí para proteger la vida y las ocupaciones de todos. Nuestro propio cuerpo está protegido del exterior por la piel. Los límites son siempre dolorosos y forman parte de la vida.
Apenas existen entornos adecuados para el desarrollo sano de los seres humanos, lugares como las carreteras y sus vehículos, fábricas y oficinas para desarrollar un trabajo del que no nos sentimos complacidos, hospitales masificados donde somos la enfermedad que padecemos, barriadas sin el calor del sol.
Vivimos en una sociedad donde se valora más la adaptación que la consideración de personas en desarrollo. El poder de los más fuertes sobre los más débiles, y la lucha por obtener las mejores oportunidades.
Hemos experimentado los límites como medio de coacción para hacer o dejar de hacer según lo que otros esperaban de nosotros. Debemos olvidar el significado de los límites han tenido en nuestra tradición cristiana: prohibiciones, advertencias, amenazas, requerimientos para respetar los derechos de los demás, llamadas a nuestro ‘yo’ mejor.
A veces se inventan límites porque se está convencido de que ejercen una influencia positiva en el desarrollo, pero si los límites no son realmente necesarios y se erigen únicamente para obtener determinados resultados tienen resultados demoledores ya que no se respetan los auténticos procesos vitales.
Nadie se comporta ‘mal’ (no percibir los límites o menospreciarlos) cuando se siente bien. En la realidad debe haber límites para nosotros cuyo objeto es que podamos sentir cierto ‘orden’. Los límites y las normas se aplican y están vigentes en la convivencia social de toda cultura.
La alegría de vivir debe impregnar las relaciones con nosotros mismos y con los demás, nuevas formas de relacionarse para compartir, cooperar y respetarse mutuamente.
Libertad y límites están íntimamente relacionados con dos conceptos: ‘amor’ y ‘respeto’.
saludos
lucy said,
Septiembre 24, 2006 @ 21:44
interesante.
fernando savater.