11 de setiembre por Nelson Manrique

Fuente: Perú.21

El 11 de setiembre evoca los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono el 2001, pero también el golpe militar de Augusto Pinochet, en 1973.

En Chile el golpe de Pinochet cortó el intento de la Unidad Popular, un gobierno democráticamente elegido, de construir el socialismo, pacíficamente y en democracia.

Salvador Allende conducía un experimento político inédito que tuvo que soportar una enorme presión económica, política y militar, interna y externa. Mientras que la economía chilena iba siendo gradualmente estrangulada por Estados Unidos, diversos agentes conspiraban buscando crear las condiciones para derribar al gobierno. A pesar de todo, este iba implementando reformas que buscaban construir un orden social más justo y equitativo, en medio del sabotaje abierto de los gremios empresariales (sobre todo el de los transportistas) directamente apoyados y financiados por la CIA. La Unidad Popular seguía captando más y más apoyo popular en cada nueva elección. Entonces una coalición encabezada por la embajada americana, con el decisivo apoyo de la Democracia Cristiana, decidió recurrir al golpe, que terminó con la democracia, la vida de Allende y la de miles de chilenos.

Los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono fueron una consecuencia directa de la política norteamericana en el Medio Oriente. El detonante de la guerra de Bin Laden contra Estados Unidos fue la intervención norteamericana en Arabia Saudita, la patria de Bin Laden, y la instalación de sus bases militares en los lugares santos del Islam. Pero Estados Unidos tuvo responsabilidad en lo sucedido desde antes, desde la creación de Osama Bin Laden y Al Qaeda, a quienes apoyó económica y militarmente, como sus aliados en su lucha contra la invasión soviética en Afganistán. Una vez que logró sus objetivos, Estados Unidos abandonó a Afganistán a su suerte: resultaron ganadores los talibanes, que hundieron al país en la noche de la barbarie.

Las acciones desarrolladas por Estados Unidos después, como respuesta a los salvajes atentados del 11 de setiembre de 2001, tienen más de cumplimiento de una agenda imperial que de una real intención de hacer del mundo un lugar más seguro. A pesar de todo lo que dice la propaganda, Osama Bin Laden sigue libre y Al Qaeda continúa jaqueando a los norteamericanos y sus aliados, que solo pueden esperar el próximo atentado. La invasión de Irak, que usó como pretextos el apoyo de Saddam Hussein a Al Qaeda y la existencia de armas de destrucción masiva, ambas razones demostradamente falsas, los ha empantanado en una guerra que no pueden vencer y que contribuye a ganarles más odios. La nueva vuelta de tuerca es el apoyo norteamericano a la brutal invasión israelí en el Líbano. El imperialismo sigue vivo, el petróleo sigue siendo la gran razón de Estado y todos seguimos de rehenes de un orden mundial cada vez más injusto y peligroso.

1 comentario »

  1. José Luis said,

    Septiembre 13, 2006 @ 12:09

    No siendo democrata cristiano,reinvidico el rechazo al golpe militar de 13 conotados dirigentes de ese partido ,que se opusieron desde el primer dia al gole militar.

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