El olvido del mal y la pesada herencia del marxismo por Gonzalo Portocarrero

El sociólogo Gonzalo Portocarrero acaba de escribir en su blog un interesante artículo sobre el mal (tema que ya lo viene trabajando desde hace unos años).

Para leer el texto completo, hacer click aquí.

Defino el mal como destrucción gozosa de la vida. De los términos de esta definición el problemático es el de gozoso. El concepto de goce lo retomo de la tradición psicoanalítica, de Freud y Lacan. El goce es una experiencia de satisfacción, que cuando no está ligada a la ley y al amor se transmuta en una excitación desequilibrante, mortífera. El goce se convierte entonces en un sustituto del sentido, en un intento de llenar el vacío de la existencia sobre la base de abandonarse a una impulsividad ciega. Satisfacer la pulsión se convierte entonces en un fin en sí mismo. La crueldad en sus múltiples formas y el atentar contra la propia vida, son pues rostros de ese goce no atemperado por el amor y la ley. Bret Easton Ellis en su novela Menos que cero relata la caída de unos jóvenes en el mal. Hijos de los grandes millonarios de Hollywood, lo tienen todo menos un sentido para sus vidas. Se aburren mortalmente. En este ambiente descubren que ver morir es excitante, muy entretenido. Entonces empiezan primero con animales para seguir luego con la contemplación de los moribundos en su último desfallecimiento. En esta búsqueda de excitaciones cada vez más potentes el grupo termina violando y asesinando a una muchacha. En vez de crear nuevos sentidos y entusiasmos, el grupo busca llenar el vacío de su existencia con la adrenalina pura que produce el sufrimiento ajeno. Los jóvenes de Ellis son responsables pero puede argüirse, como atenuante, la crisis de la sociedad de la que son vástagos. Es decir, una sociedad que dificulta el amor y que promete la plenitud mediante el consumo. Una sociedad entonces que es casi incapaz de dar algo a los que ya tienen todo. Hay sociedades que convocan a sus miembros a buscar el goce en la destrucción de la vida. El ejemplo clásico es la Alemania nazi con su exaltación de la crueldad como deber heroico. El mal se legitima en una sociedad cuando se hace del goce un reemplazo del sentido. El problema está en que el goce en sí mismo no es una satisfacción equilibrada y duradera, no es un camino que apunte a un desarrollo humano, es sólo algo efímero cuya repetición permite evadir la búsqueda de un significado para nuestras vidas. El goce sin ley como único fin de la vida nos embrutece y culmina, finalmente, en la autodestrucción pues resulta que el propio sufrimiento puede ser vivido como una satisfacción… (ver texto completo)

1 comentario »

  1. Rafael Torres said,

    Septiembre 5, 2006 @ 16:06

    Artículo excelente, el nos lleva de la esencia de lo que significa ser humano. Buena observación sobre la ética que se crea sobre posiciones deterministas, que pierden el sentido de los medios para alcanzar los fines.
    Acerca de los demonios modernos, podemos agregar sobre la recreación de un nuevo “demonio” identificado como “el de la pobreza”, la pobreza ya no es producto de las relaciones de injusticia social y económica, sino producto del pecado del pobre sujeto que está aprisionado por este nuevo demonio, y su captura obedece a sus propios pecados o los de sus antecesores. Hay que vencer tales posesiones mediante una parafernalia apropiada, y no mediante una redistribución más justa del excedente social. Esto desvincula al hombre que sufre, de un raciocinio socioeconómico de la pobreza y lo transporta al área del mero individuo donde se halla toda la culpa. Estar en la opulencia es ahora un indicativo del favor celestial, no importando el origen de tales bienes. Se está gestando una espiritualidad completamente vaciada de la ética. Dónde se predica sobre éste nuevo demonio: en las iglesias carismáticas modernas, su nombre: La Teología del Bienestar.

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