Perú-Chile: Los problemas debajo de la alfombra. Por Rodrigo Montoya
El segundo gobierno de Alan García Pérez acaba de firmar un nuevo acuerdo con Chile, festejado oficialmente con muchos brindis y besitos. Hace seis meses, ante la posibilidad de una victoria de Ollanta Humala - ex comandante del ejército, que se define como un nacionalista- la derecha peruana y el llamado partido socialista chileno estaban muy seriamente preocupados. Mirar solamente hacia delante y no volver los ojos sobre el pasado es la política que privilegia el olvido y sacrifica la memoria. Como el presente no existe sin el pasado y tampoco existe el futuro sin el efímero presente y el pasado, la propuesta de no mirar atrás sirve para esconder debajo de la alfombra los problemas que molestan.
A través de una guerra entre 1879 y 1884 el ejército chileno invadió el territorio peruano para apropiarse del salitre del sur peruano. En esa aventura contó con la complicidad de los británicos. Como no hay guerra limpia, el ejército chileno saqueó todo lo que pudo, mató sin escrúpulos, y hasta incendió la Biblioteca nacional y se robó millares de libros, muchos de los cuales fueron y son aun vendidos por libreros en diversos lugares del mundo. Don José Mindlin, el extraordinario bibliófilo brasileño compró el manuscrito “Recuerdos de la monarquía peruana, bosquejo de la historia de los Incas” de don Justo Apu Sahuaraura Inca y ofreció su ejemplar para que Telefónica publique una excelente edición facsimilar en 2001.
El matrimonio del neoliberalismo norteamericano con la dictadura de Pinochet y los gobiernos llamados socialistas ha producido un crecimiento de la burguesía y, al mismo tiempo, del Estado. Chile exporta capitales a diversos países de América Latina. Habría invertido ya en Perú alrededor de cuatro mil millones de dólares, mientras que el capital de peruanos inversores en Chile sea, tal vez, de cuarenta millones. Empresarios chilenos tienen el monopolio del ferrocarril Cusco-Machu Picchu y disfrutan de la concesión del Hotel Machu Pichcu, muchos otros hoteles, grifos y farmacias. Están comprando también tierras en Urubamba, el Valle sagrado de los Incas. Controlan puertos, líneas de transporte interprovincial de largas distancias, parte de las empresas eléctricas, tienen grandes cadenas de tiendas. En el valle de Ica, compran tierras con el fin preciso de exportar.

