Archive for Septiembre 5, 2006

Perú-Chile: Los problemas debajo de la alfombra. Por Rodrigo Montoya

El segundo gobierno de Alan García Pérez acaba de firmar un nuevo acuerdo con Chile, festejado oficialmente con muchos brindis y besitos. Hace seis meses, ante la posibilidad de una victoria de Ollanta Humala - ex comandante del ejército, que se define como un nacionalista- la derecha peruana y el llamado partido socialista chileno estaban muy seriamente preocupados. Mirar solamente hacia delante y no volver los ojos sobre el pasado es la política que privilegia el olvido y sacrifica la memoria.  Como el presente no existe sin el pasado y tampoco existe el futuro sin el efímero presente y el pasado, la propuesta de no mirar  atrás sirve para esconder debajo de la alfombra los problemas que molestan.

A través de una guerra entre 1879 y 1884  el ejército chileno invadió el territorio peruano para apropiarse del salitre del  sur peruano. En esa aventura contó con la complicidad de los británicos.  Como no hay guerra limpia, el ejército chileno saqueó todo lo que pudo, mató sin escrúpulos, y hasta incendió la Biblioteca nacional y se robó millares de libros, muchos de los cuales fueron y son aun vendidos por libreros en diversos lugares del mundo. Don José Mindlin, el extraordinario bibliófilo brasileño  compró el manuscrito “Recuerdos de la monarquía peruana, bosquejo de la historia de los Incas” de don Justo Apu Sahuaraura Inca y ofreció su ejemplar para que Telefónica publique una excelente edición facsimilar en 2001.

El matrimonio del neoliberalismo norteamericano con  la dictadura de Pinochet  y los gobiernos llamados socialistas  ha producido un crecimiento de la burguesía y, al mismo tiempo, del Estado. Chile exporta capitales a diversos países de América Latina. Habría invertido ya en Perú alrededor de cuatro mil millones de dólares, mientras que el capital de peruanos inversores en Chile sea, tal vez, de cuarenta millones. Empresarios chilenos tienen el monopolio del ferrocarril Cusco-Machu Picchu y disfrutan de la concesión del Hotel Machu Pichcu, muchos otros  hoteles,  grifos y farmacias. Están comprando también tierras en  Urubamba, el Valle sagrado de los Incas. Controlan puertos, líneas de transporte interprovincial de largas distancias, parte de las empresas eléctricas, tienen grandes cadenas de tiendas. En el valle de Ica, compran tierras con el fin preciso de exportar.

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El olvido del mal y la pesada herencia del marxismo por Gonzalo Portocarrero

El sociólogo Gonzalo Portocarrero acaba de escribir en su blog un interesante artículo sobre el mal (tema que ya lo viene trabajando desde hace unos años).

Para leer el texto completo, hacer click aquí.

Defino el mal como destrucción gozosa de la vida. De los términos de esta definición el problemático es el de gozoso. El concepto de goce lo retomo de la tradición psicoanalítica, de Freud y Lacan. El goce es una experiencia de satisfacción, que cuando no está ligada a la ley y al amor se transmuta en una excitación desequilibrante, mortífera. El goce se convierte entonces en un sustituto del sentido, en un intento de llenar el vacío de la existencia sobre la base de abandonarse a una impulsividad ciega. Satisfacer la pulsión se convierte entonces en un fin en sí mismo. La crueldad en sus múltiples formas y el atentar contra la propia vida, son pues rostros de ese goce no atemperado por el amor y la ley. Bret Easton Ellis en su novela Menos que cero relata la caída de unos jóvenes en el mal. Hijos de los grandes millonarios de Hollywood, lo tienen todo menos un sentido para sus vidas. Se aburren mortalmente. En este ambiente descubren que ver morir es excitante, muy entretenido. Entonces empiezan primero con animales para seguir luego con la contemplación de los moribundos en su último desfallecimiento. En esta búsqueda de excitaciones cada vez más potentes el grupo termina violando y asesinando a una muchacha. En vez de crear nuevos sentidos y entusiasmos, el grupo busca llenar el vacío de su existencia con la adrenalina pura que produce el sufrimiento ajeno. Los jóvenes de Ellis son responsables pero puede argüirse, como atenuante, la crisis de la sociedad de la que son vástagos. Es decir, una sociedad que dificulta el amor y que promete la plenitud mediante el consumo. Una sociedad entonces que es casi incapaz de dar algo a los que ya tienen todo. Hay sociedades que convocan a sus miembros a buscar el goce en la destrucción de la vida. El ejemplo clásico es la Alemania nazi con su exaltación de la crueldad como deber heroico. El mal se legitima en una sociedad cuando se hace del goce un reemplazo del sentido. El problema está en que el goce en sí mismo no es una satisfacción equilibrada y duradera, no es un camino que apunte a un desarrollo humano, es sólo algo efímero cuya repetición permite evadir la búsqueda de un significado para nuestras vidas. El goce sin ley como único fin de la vida nos embrutece y culmina, finalmente, en la autodestrucción pues resulta que el propio sufrimiento puede ser vivido como una satisfacción… (ver texto completo)

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“Gobernar no es solo expedir normas, gobernar es educarnos” Entrevista a ANTANAS MOCKUS

Fuente: El Comercio

El filósofo y ex alcalde de Bogotá, que logró mejoras ciudadanas, propone total creatividad a los problemas más graves de la urbe.

¿Luego de su experiencia como alcalde de Bogotá, considera posible convivir en ciudades tan tugurizadas y violentas como Lima, por ejemplo?
Sí, y creo que hay distintas razones para ser optimistas. Lo que se consiguió en Bogotá –que es puntual y limitado– demuestra que se puede elevar el respeto por la vida y, sobre todo, probó que las actitudes ciudadanas cambian. Una rama de la economía reciente, conocida como “behavioral economics” –economía del comportamiento– muestra que las personas, aun cuando están entre desconocidos, sienten la necesidad de cumplir las normas y tienen disposición a castigar a quien actúa injustamente.

¿Por una preservación del bien común, digamos?
Por la regulación cultural. En un libro reciente de Oxford, “Los principios de la sociabilidad humana”, se hacen siete experimentos en unas quince culturas alrededor del mundo y una de las constantes humanas que emerge, que es muy impactante, es que la cultura regula. Incluso las relaciones entre desconocidos son reguladas por la sociedad.

¿Qué significa exactamente esta regulación cultural?
Que hay muchas cosas que la gente deja de hacer porque en su medio serían pésimamente percibidas. Se controlan, no tanto por temor a un castigo legal, sino porque hay elementos sociales que frenan al ser humano. La moral también juega un papel importante, es decir, la persona tiene una noción del deber ante sí misma, no solo ante los demás, que la hace sentir culpa y la ayuda a controlarse…

¿A personas que viven en situaciones de extrema pobreza, como muchos pobladores del Perú y de la ciudad de Lima en particular, que están preo-cupados básicamente por sobrevivir, los regula la cultura, puede importarles el otro, el bien común?
Debemos empezar por reconocer que las personas no se degradan ni se deterioran del todo, incluso cuando incurren en comportamientos censurables mantienen una serie de relaciones solidarias, de vínculos respetuosos. Los experimentos que mencioné muestran que el ser humano no es solo un ser económico, que busca satisfacer sus deseos –que en el caso de la supervivencia son de alimentación, de albergue, de reconocimiento– sino que en circunstancias de dificultad económica, la norma social de compartir, de apoyarse, de respetar al otro, se vuelve todavía más importante y más esencial para la supervivencia.

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