Por la cultura tradicional por Antonio Muñoz Monge
Fuente: El Comercio
En el Día Mundial del Folkore. Durante toda la semana se cumplieron una serie de actividades para conmemorar esta fecha, destacando los realizados en el Museo de la Nación, en la Escuela Nacional de Folklore José María Arguedas, el Instituto Riva-Agüero de la Católica, el Centro Cultural de San Marcos, la Derrama Magisterial y la Casa del Folklorista. Aquí un recorrido por el origen, significado y vigencia del término folklore.
El 22 de agosto de 1847 el arqueólogo inglés William John Thom usa por primera vez la palabra “Folklore” (Folk, significa pueblo y Lore, sabiduría, conocimiento), en una carta que se publica en la revista El Ateneo de Londres. Recordando esa fecha cada 22 de agosto se festeja el Día Mundial del Folklore. Dos siglos y medio antes el filósofo inglés Francis Bacon en su trabajo Clasificación de las Ciencias escribía sobre las “antigüedades”, uno de los primeros conceptos relacionados con lo que después sería el folklore. Desde entonces son varios los conceptos que se han dado sobre esta actividad cultural, vehículo de comunicación, valioso medio de interrelación social.
El folklore como ciencia se circunscribe dentro del estudio de las Ciencias Sociales, específicamente como parte de la Antropología Cultural, que se ocupa de la investigación, el análisis y la interpretación de los hechos culturales, que se caracterizan por ser anónimos, populares, de origen antiguo y tradicionales, y que son conocidos por transmisión oral, de generación en generación.
En nuestro medio, las manifestaciones folklóricas son numerosas, especialmente las de raíz musical -como el canto, las danzas y los bailes-, unidas a una riqueza gastronómica nativa, que a su vez se nutre de una valiosa cultura de artesanos, orfebres, creadores de vestidos típicos, de instrumentos musicales, que se dan a conocer a diario en las fiestas costumbristas, patronales y religiosas.
Valiosa comprobación, por la diaria afirmación de nuestra cultura, por ese irrenunciable derecho de nuestro pueblo a desarrollar su cultura propia, muchas veces escamoteada, y en ese devenir abrazar la integración multicultural o lo que es lo mismo, la identidad cultural con pleno sentimiento solidario, gracias a la memoria colectiva que es la suma de nuestros sueños, esperanzas, frustraciones, posibilidades, desde siempre y hasta el día de hoy.
Tal vez por esto, el Día Mundial del Folklore no es un día más de obligada conmemoración. Creemos que debe servirnos para entender el verdadero significado de este término y para comprometer el espíritu de todos nosotros, en la plenitud humana como nación, como país pluricultural, multiétnico, olvidándonos definitivamente de viejas y prejuiciosas trabas, que solo nos han llevado a desentendimientos y rupturas.
Creemos también, que la palabra inglesa folklore es un señuelo abstracto, que de por sí no dice nada o dice poco y que ya cumplió su ciclo y motivo. Apostamos por un mejor entendimiento y creemos que sería más exacto, por ejemplo, decir “cultura popular tradicional”.
En este amplísimo panorama encontramos valiosos estudiosos que han ido abriendo y señalando el camino de esta disciplina con una multitud de seguidores. Mencionemos a algunos: José María Arguedas, Josafat Roel Pineda, Rosa Alarco Larrabure, Efraín Morote Best, Adolfo Vienrich, Sergio Quijada Jara, Víctor Navarro del Aguila, Juan José Vega,
Nicomedes Santa Cruz, Alejandro Vivanco Guerra, Jorge C. Muelle, Mildred Merino de Zela.
¿QUE ES EL FOLKLORE?
En 1964, el escritor y antropólogo José María Arguedas escribe cinco artículos bajo el título ¿Qué es el folklore? en la revista Cultura y Pueblo, órgano de la entonces Casa de la Cultura. De manera didáctica y con su característico lenguaje sencillo, Arguedas explica los fundamentales conceptos de esta disciplina.
La palabra folklore se ha impuesto como un sello, con el que se marca o distingue las diversas manifestaciones del saber tradicional de las clases populares. Saber tradicional que se aprende mediante la explicación oral irregular, la que utiliza el pueblo que no ha recibido instrucción escolar o que es analfabeto.
Esta población explica las enseñanzas comunes a viva voz y en cualquier momento del día. Así, señalan cómo deben y pueden hacerse ciertas actividades, de qué modo debe comportarse el hombre en diversas circunstancias, cuál es el origen de las cosas, etc. Esta sabiduría tradicional que sobrevive en el pueblo la estudia lo que denominamos el folklore.
Pero el folklore, según la definición, no puede existir sino en los pueblos que poseen dos clases de habitantes “según su grado de conocimiento del mundo y su facilidad para fabricar cosas útiles”: una capa “superior”, que ha llegado al colegio y las universidades y que por lo tanto posee el conocimiento científico y el pueblo que solo domina el conocimiento tradicional. El pueblo inventa al oído su música, el culto “inventa” música después de haber estudiado este arte.
Como consecuencia de que la Etnología y la Antropología tocan campos del folklore, se considera que éste es el encargado de estudiar solamente la literatura oral: mitos, leyendas, cuentos y las artes directamente relacionadas con ella: la música y la danza.
Como el pueblo no sabe leer ni escribir, inventa relatos y los narra y así satisface su afán de poder recrear y explicar el universo que le rodea.
Así mismo, el folklore ha demostrado que no existe diferencia entre el proceso de creación de la literatura oral y el de la literatura escrita. La intención y su desarrollo son los mismos. Por otro lado, para el folclorista o el antropólogo, el cuento oral es una fuente de conocimiento del modo de ser de cada pueblo.
El cuento oral o folclórico aparece para recrear y para hacer resaltar las normas que se deben respetar o para criticarlas. Fundamentalmente, es un documento de valor no solo literario, artístico, sino social, etnográfico, por eso, como dice José María Arguedas, “resulta peligrosísimo alterar esos cuentos con la pretensión de mejorarlos o ‘adornarlos’. Quien introduce detalles de su invención comete pecado muy grave contra el patrimonio de nuestro pueblo”.
Finalmente, es preciso afirmar que este concepto nace de la “cultura viva” de nuestros pueblos, de su cotidiano quehacer, el cual se realiza casi siempre de manera colectiva. Otra característica de este saber es que no es, como suele creerse, estático, sino que está en permanente evolución, en permanente asimilación de otras culturas, pero sin dejar de lado sus raíces y sus orígenes. Justamente es ahí donde radica su riqueza.


Carmen Cecilia Vildoso said,
Noviembre 28, 2006 @ 3:42
Queridisimo Tono:
Quien mejor que tu para hablar del tema, de todo aquello que es nuestro, de todo lo que nos da esta nacionalidad, con sus hermosas y duras realidades.
Que maravilloso escribas …y sigas escribiendo pese a todas las viscisitudes.
Ojala sigas regalandonos paginas que nos llenan de emocion y reflexion para todos aquellos que tenemos el sueno de un mejor pais.
Gracias al diario “El Comercio” por darnos la oportunidad de leerte desde aun en las distancias y la lejania.
Un abrazo desde Los Angeles a un amigo de siempre,
Carmen C. Vildoso