El mandato de gozar. Entrevista a Juan Carlos Ubilluz

Por Giancarlo Stagnaro

Revista Variedades, El Peruano, Semana del 14 al 20 de julio de 2006

Los noventa fueron los años locos de la globalización planetaria. Caída del muro, fin de la historia –Francis Fukuyama dixit–, clausura de las utopías colectivas, imposición de la democracia como sistema de gobierno y, sobre todo, expansión económica de las grandes empresas transnacionales, que hacen del mundo su campo de batalla. En esa expansión, el capital penetra en países periféricos como el Perú, trastocando sistemas sociales, jurídicos y políticos. La avanzada capitalista va de la mano con las políticas neoliberales del régimen fujimorista. Con la apertura de los mercados se inicia el “fujimontecinismo” como praxis política, al querer representar el goce de los individuos de manera cínica y perversa. Este es el tema central del libro Nuevos súbditos. Cinismo y perversión en la sociedad contemporánea, de Juan Carlos Ubilluz (Lima, IEP, 2006).

Con el apoyo del psicoanálisis del francés Jacques Lacan –y secundado por la relectura que del mismo hace el esloveno Slavoj Zizek–, Juan Carlos Ubilluz diagnostica el régimen político que gobernó el Perú durante la década pasada con “pragmatismo”, cuando en realidad se venía encubriendo cínicamente la corrupción a gran escala, sólo posible, como dice Ubilluz, a través de la presencia perversa de Vladimiro Montesinos.

Además, el volumen contiene otros ensayos, como el dedicado al reggaetón y a la función del erotismo en las novelas de Mario Vargas Llosa.

¿Cómo se relacionan capitalismo y cinismo? ¿Qué ocurre con los individuos en la era de la globalización?

–Todo lo que pasaba por una utopía social hoy pasa por la utopía individualista: los pequeños productos en el mercado, los pequeños logros, satisfacer los deseos sexuales a cada momento. Que no te falte, poder tapar tu falta, sentirte completo todo el día. Lo que el mercado promete no es nada ideológicamente muy definido: que no se sienta la falta. Eso rige la conducta de los sujetos beneficiados por la globalización. Pero quienes no lo están, obedecen al mismo mandato, pero de otra manera. El mandato es gozar a través del autosacrificio. En el 11-S, las personas que se estrellaron contra las torres, dos días antes o la noche anterior estaban viendo videos pornográficos o en lugares de putas y vivían con la promesa de poder estar con las vírgenes en el más allá (de lo que se burlan las caricaturas del periódico danés). La gente es cínica cuando dice: bueno, los políticos roban, todo el mundo roba, Fujimori está violando la ley, pero todos los políticos violan la ley. Hay como una tolerancia mayor hacia la corrupción. Esa es la distancia cínica: no arriesgarse a poder creer en un ideal. Por otro lado, en esa distancia también se produce un pequeño goce perverso. Recuerdo que Fujimori tenía esa sonrisa cachosa cuando perjudicaba a los opositores. Lo que esta sonrisa cachosa dice efectivamente es: estoy violando la ley, no lo voy a decir, pero mi sonrisa lo sugiere. La gente gozaba de esta cuestión de manera implícita, velada. En el momento en que salen los vladivideos, toda la trampa cae y el régimen no puede seguir andando. Quizás la razón por la cual la gente odia tanto a Montesinos sea porque nos demuestra cómo gozábamos.

¿Montesinos es una amplificación del sujeto criollo? ¿Un sujeto criollo mediatizado, posmoderno?

–Hay que distinguir entre lo criollo y lo pendejo. Gonzalo Portocarrero habla del sujeto criollo como una herencia colonial: la transgresión de los virreyes que decían acatar la ley, pero no la cumplían. Hoy en día, la transgresión es mucho más violenta. El prototípico criollo es la persona que camina hacia atrás para meterse en una cola. El prototípico pendejo es el chofer de la combi que arriesga la vida de los pasajeros y

bordea más fácilmente la violencia y la muerte. Y eso no sólo tiene que ver tanto con una tradición (la criolla), sino con un imperativo al goce en el capitalismo tardío, que hace que la gente no pueda soportar la falta y tenga que imponer las cosas. Y como existe esa tradición, entonces la transgresión alcanza niveles insospechados. Montesinos, en este caso, fue una suerte de amo perverso, que incitaba a la gente a transgredir. Un producto de la relación entre el capitalismo tardío con nuestra tradición criolla. Sin esa figura del amo perverso, la corrupción no hubiera sido de la misma manera. No es que estábamos predestinados a caer en el “fujimontecinismo”; si no surgía esa figura contingente –Montesinos– no se hubiera producido la corrupción de igual manera. Si el Perú no hubiera entrado en la globalización, hubiera sido imposible hacer lo que hizo Montesinos, porque es otro nivel de corrupción.

En la lógica de las empresas transnacionales, se requieren alianzas con las oligarquías locales para tejer redes de penetración capitalista…

–Hay una alianza temporal con las oligarquías. Para poder ingresar en estos países, deben ir, de alguna manera, más allá de la estructura del Estado y la Constitución. No es posible que entren al nivel que quieren entrar sin que haya cierta violación de la ley. Entonces, el capital empuja para que se produzca la reformulación del Estado. En el Perú se reformó la Constitución para ese fin. En el caso de Montesinos, en relación con su estructura clínica, era un perverso. Es una persona que se sacrifica por una ética de la transgresión. Montesinos trabajaba todo el día y dormía en el SIN. El estrés lo iba deteriorando físicamente y al final sólo podía comer caldito de pollo. El acumular dinero y poder era una ética. Por ejemplo, para ganar unas monedas, el chofer de combi está dispuesto a pequeñas cosas.

En esa línea, él tiene que dejar constancia de que él cometía la falta y no los otros…

–En ese sentido, los videos tienen relación estrecha con sus prácticas sexuales. Por ejemplo, él tiene relaciones sexuales con Jacqueline Beltrán en una piscina y pone a los guardias alrededor de la piscina, pero mirando hacia el otro lado, no hacia adentro. Qué era lo que quería: dividir a los guardias, hacerlos querer voltear, pero no podían por el peso de la autoridad de Montesinos. En los videos hay un poco de eso: el goce de ver dudar a la gente entre la ley y la transgresión. Por supuesto con muchos de ellos era fácil, pero lo que el perverso quiere es que el otro empiece a descubrir que goza de manera perversa. Su problema es que el placer acaba demasiado pronto. Por ello, el último mito perverso es el infierno: las víctimas nunca acaban de morir, terminan sufriendo. Y con el marqués de Sade pasa exactamente lo mismo: una tortura que no se acabara en el tiempo. Montesinos estaba por ese lado. Por otro lado, la tesis del segundo capítulo es que inconscientemente él quería mostrarlo, que la gente viese que él era el más pendejo de todos. Pero era algo que lo ha hecho a través de toda su vida: siempre ha dejado pruebas que delataran su culpabilidad. Algo en él quería revelar todo esto, como lo relata Sally Bowen en El espía imperfecto.

2 comentarios »

  1. Leyla said,

    Diciembre 18, 2006 @ 15:17

    Ubilluz es un cinico, por eso entiende el tema.

  2. Sophie said,

    Agosto 4, 2007 @ 21:55

    Jajaja. Totalmente de acuerdo.

RSS feed for comments on this post · URI para TrackBack.

Leave a Comment